Tijuana-BC Febrero 5 de 2012
-Víctor Magdaleno@Jeanette Sánchez-
“Misery” o la historia de un cautiverio nacido de la admiración desbordada y enfermiza por un escritor, mantuvo en vilo a los espectadores que se dieron cita este sábado 4 de febrero en la Sala de Espectáculos del Centro Cultural Tijuana para presenciar un drama que difícilmente podrán olvidar en mucho tiempo.
Tras su exitosa temporada en la Ciudad de México y la gira de presentaciones en el norte del país, a cuyo paso ha causado conmoción, Misery, la obra maestra del mago del terror y el suspenso Stephen King, se presentó en el teatro del Cecut, donde cautivó al público y cosechó un triunfo más.
Con las actuaciones magistrales de Damián Alcázar e Itatí Cantoral, bajo la dirección de Antonio Castro, basada en un relato maestro Stephen King, y con la producción de Jorge Ortiz de Pinedo y Popcorn Entertainment, la obra alcanzó momentos de intenso dramatismo que estremecieron al público en las dos funciones ofrecidas en Tijuana.
Según lo pudieron atestiguar los cerca de 2 mil espectadores que presenciaron en ambas funciones el retorno de Damián Alcázar al teatro, luego de 13 años de ausencia, en compañía de una Itatí Cantoral que lució una gran madurez actoral, “Misery” refrendó con creces los comentarios que precedieron su llegada y mantuvo la atención del público a lo largo de una hora y 40 minutos de un drama intenso, marcado por el dolor y la opresión.
La pareja de actores construye sobre el escenario un espacio cerrado y tenso, envuelto en una atmósfera de angustia e incertidumbre. Casi todas las escenas aparecen marcadas por el dolor, la inquietud y la sensación del desastre inminente, roto por ocasionales notas de humor negro que dan balance a la historia.
Desde el principio va quedando claro que la admiración que le profesa la enfermera Annie Wilkes al escritor Paul Sheldon es producto en realidad de la soledad y la locura, y esa certidumbre se refuerza a lo largo de la historia, generando la sensación de que todo puede suceder, al grado de que lleva a preguntarse hasta dónde llevarán a la enfermera sus obsesiones.
El mundo de ilusiones de Misery, el personaje de una saga de novelas románticas que le ha dado fama a Sheldon, es lo único que posee esta enfermera retirada y solitaria que vive en medio de la nada. Su único placer es el mundo imaginario inspirado por los textos del escritor, de modo que cuando Annie rescata a Shedon de una muerte segura, tras sufrir un accidente en su carro, ella lo obliga a reescribir el último libro de la saga para evitar que Misery muera.
Allí empieza el suplicio del escritor, víctima de la admiración que han despertado sus libros, lo que no deja de ser una paradoja, que en el caso de Sheldon resulta muy amarga.
En su convincente papel de la desquiciada enfermera, Itatí Cantoral es capaz de pasar en un instante de la ternura más inocente y casi infantil a la ira más desbordada y destructiva, y a personificar con eficacia el extravío mental y la maldad extrema, mientras que Damián Alcázar, en su caracterización del escritor cautivo, pronto queda convencido de que está en manos de una demente y que su vida corre peligro. No obstante, su frágil salud le impide escapar y queda a merced de su captora. Urde entonces en silencio su venganza.
Cada escena de esta historia estrujante es una vuelta de tuerca más en esta relación, simbiótica y doliente, de la enfermera y el escritor, del mismo modo que cada día son más altas las exigencias que ella impone a Sheldon en su condición de cautivo y lo que empieza como un rescate compasivo se transforma pronto en un secuestro, que equivale a la mutilación de la libertad, la amputación de la libertad de moverse, la libertad de escribir.
El calvario que sufre el escritor a manos de su loca admiradora se torna insoportable y de no ser por los sedantes que ella le suministra con regularidad, Sheldon no lo habría podido soportar. Al final, todo se resuelve de modo inevitable en un drama de alta intensidad, del que nadie sale bien librado.




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