La psicóloga Rubí Soto Roque, integrante del Colegio de Comunicólogos de Baja California y comisionada de Inclusión Social, participó en el programa Circunferencias en Espiral de Fusión 102.5 FM del IMER, donde ofreció una amplia reflexión sobre el enamoramiento, los vínculos afectivos y los procesos psicológicos que influyen en la manera en que las personas construyen y viven sus relaciones. Soto Roque también forma parte del Centro Neuropsic México, institución reconocida por su labor comunitaria y de acompañamiento emocional en Tijuana.
Durante la entrevista, la especialista explicó que el enamoramiento tiene una base neurobiológica vinculada a la activación de neurotransmisores como la dopamina, sustancia que genera sensaciones de recompensa, motivación e idealización. “Cuando recién nos enamoramos, el cerebro se activa de tal forma que queremos saberlo todo de la otra persona. La idealizamos y buscamos constantemente su atención”, señaló. Esta etapa, comparada con el cortejo en el reino animal, puede durar alrededor de un año y ocho meses, antes de dar paso a una fase más realista donde se observan con mayor claridad los rasgos y diferencias de la pareja.
Soto Roque también abordó el papel del apego en la forma en que las personas interpretan gestos como los regalos del 14 de febrero. Explicó que, para quienes tienen un apego ansioso, un obsequio puede interpretarse como una señal de compromiso absoluto, lo que intensifica la idealización y, en algunos casos, la dependencia emocional. “El regalo comunica disponibilidad y compromiso, pero en personas con apego ansioso puede convertirse en una confirmación de que la relación es más sólida de lo que realmente es”, comentó.
La psicóloga advirtió que, en ciertos casos, el enamoramiento puede transformarse en obsesión, especialmente cuando existe una combinación de idealización intensa y dificultades emocionales previas. Señaló que, cuando una persona recibe un rechazo, el cerebro puede interpretarlo como un reto, lo que incrementa el enganchamiento y dificulta el desapego. Para ilustrarlo, retomó ejemplos comunes en la adolescencia, donde lo prohibido suele resultar más atractivo debido al efecto de recompensa que genera la dopamina.
En relación con los celos, Soto Roque enfatizó que estos suelen surgir cuando no existe una base sólida de confianza. “Uno no cela lo que conoce. Si hay comunicación y confianza, no tendría por qué generarse una historia en la cabeza que no corresponde con la realidad”, afirmó. Añadió que, cuando los celos aparecen de manera recurrente, es necesario cuestionar si se trata de amor o de un apego inseguro que requiere atención profesional.
La especialista también habló sobre las personas que afirman no querer enamorarse o que cierran la puerta al amor tras experiencias dolorosas. Explicó que esta resistencia es común y responde al miedo a ser lastimado nuevamente, aunque subrayó que el amor puede llegar a cualquier edad si la persona se permite vivirlo. “Es válido protegerse, pero también es válido abrirse cuando llega alguien con quien se puede construir algo sano”, dijo.
Finalmente, Soto Roque recomendó vivir el 14 de febrero —y cualquier momento del año— sin presiones ni expectativas impuestas por la mercadotecnia. Destacó que el valor de una relación no depende de regalos costosos, sino de la compañía, la comunicación y la autenticidad. “El amor se construye todos los días. Un detalle sencillo puede ser más significativo que cualquier obsequio aparatoso”, concluyó.
NOTA: la entrevista fue realizada por Isaías Plascencia Rosales y Mónica Peraza Ramirez










