En un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas, crisis humanitarias y una creciente desconfianza hacia las instituciones multilaterales, la discusión sobre el futuro liderazgo de la Organización de las Naciones Unidas adquiere una relevancia particular. La elección de la persona que encabezará la Secretaría General para el periodo 2027-2032 no solo definirá el rumbo de la diplomacia global, sino también la capacidad del sistema multilateral para responder a desafíos que evolucionan con rapidez. En ese contexto, la candidatura de Michelle Bachelet Jeria ha comenzado a tomar fuerza, especialmente tras recibir el respaldo de los gobiernos de México y Brasil, dos actores con peso político en América Latina y presencia activa en la agenda internacional.
Bachelet llega a esta postulación con una trayectoria que abarca más de tres décadas en el servicio público chileno. Fue la primera mujer en ocupar la Presidencia de Chile, cargo que ejerció en dos periodos (2006-2010 y 2014-2018), y antes de ello se desempeñó como ministra de Salud y ministra de Defensa, convirtiéndose en la primera mujer en asumir esta última cartera en Chile y en Latinoamérica. Su formación médica, con especialización en salud pública y pediatría, marcó sus primeros pasos en la administración pública, donde impulsó reformas orientadas a ampliar el acceso a servicios esenciales.
Su proyección internacional se consolidó en 2010, cuando fue nombrada la primera directora ejecutiva de ONU Mujeres, agencia creada para promover los derechos de mujeres y niñas. Más tarde integró la Junta Asesora de Alto Nivel sobre Mediación de la ONU y, en 2018, fue designada Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, desde donde encabezó esfuerzos globales de monitoreo, denuncia y protección de derechos fundamentales. Actualmente es vicepresidenta del Club de Madrid y ha recibido más de 20 reconocimientos internacionales, incluido el Premio Indira Gandhi para la Paz, el Desarme y el Desarrollo.
Una visión de reforma y renovación para la ONU
Como parte de su candidatura, Bachelet presentó un documento de visión que plantea una renovación profunda del sistema multilateral. En él sostiene que las Naciones Unidas deben modernizar sus estructuras internas para ser más eficaces, ágiles y transparentes. El texto señala que la organización enfrenta el desafío de “revisar y modernizar sus estructuras internas para hacerlas más eficaces, eficientes y coherentes”, destacando que la reforma debe ser un proceso continuo y no episódico .
La propuesta también subraya la importancia de reconectar con las personas, mejorar la comunicación pública y demostrar resultados tangibles. Según el documento, “la legitimidad de la ONU está indisolublemente ligada a su capacidad de ser percibida como útil y cercana a las personas” . Bachelet plantea que la organización debe fortalecer su presencia territorial, simplificar procesos y garantizar que los recursos se utilicen con eficiencia y transparencia.
Otro eje central de su visión es la necesidad de reafirmar los principios fundacionales de la ONU, especialmente en materia de paz, dignidad humana y derecho internacional. El texto recuerda que el multilateralismo ha sido clave para prevenir conflictos, impulsar la descolonización, promover la igualdad de género y proteger el patrimonio común de la humanidad. En esa línea, propone que la organización mire simultáneamente hacia atrás, hacia adentro, hacia afuera y hacia adelante, combinando memoria histórica, reformas internas, cercanía con las personas y liderazgo colectivo.
Desafíos globales y un liderazgo orientado a resultados
El documento también identifica los desafíos actuales como una combinación de crisis y oportunidades. Señala que la prevención debe situarse en el centro de la acción de la ONU, fortaleciendo la diplomacia, la mediación y los mecanismos de alerta temprana. Destaca que las respuestas deben ser “eficaces, oportunas, coordinadas, imparciales y fundamentadas en el derecho internacional” .
En materia de desarrollo sostenible, la visión propone avanzar hacia una reforma de la arquitectura financiera internacional, simplificar el acceso a fondos climáticos y promover tecnologías emergentes que mejoren la educación, la salud y la resiliencia climática. También subraya la importancia de apoyar a países en situaciones especiales, como los pequeños Estados insulares o los países menos adelantados.
En el ámbito de derechos humanos, el documento enfatiza la necesidad de fortalecer mecanismos independientes, mejorar la rendición de cuentas y garantizar la participación plena de mujeres y niñas en procesos de paz y toma de decisiones.
Un respaldo que reconfigura el tablero regional
El apoyo de México y Brasil a la candidatura de Bachelet marca un movimiento significativo en la política exterior latinoamericana. Ambos gobiernos han destacado su experiencia en derechos humanos, mediación y liderazgo multilateral, elementos que consideran relevantes para el futuro de la ONU. Aunque el proceso de selección se definirá en 2026, los respaldos tempranos suelen influir en la dinámica diplomática y en la construcción de consensos entre Estados miembros.
Hacia una ONU del siglo XXI
De cara al centenario de la organización, la visión presentada por Bachelet propone una ONU capaz de anticipar crisis, fortalecer la cooperación internacional y ofrecer resultados verificables en paz, desarrollo y derechos humanos. El documento concluye que la ONU debe ser “el lugar donde las diferencias se transformen en consensos” y donde la cooperación prevalezca sobre la confrontación .
La candidatura de Michelle Bachelet abre así un nuevo capítulo en la discusión sobre el liderazgo global. En un mundo que exige instituciones más cercanas, transparentes y eficaces, el proceso que se desarrollará en los próximos meses será clave para definir el papel del multilateralismo en la próxima década.





