Cuando el lienzo se convierte en destino
Hay exposiciones que se visitan con los ojos, y hay otras, como “Mi Mundo, Mis Colores”, que se sienten con el pulso. El recinto de la Casa de la Cultura Tijuana se transformó esta tarde en el escenario de un reencuentro: el del artista Sergio Rodrigo Galván Zepeda con una comunidad que lo vio transformar la tragedia en una explosión cromática.
Tras un accidente que marcó un antes y un después en su vida, Rodrigo no pidió silencio; pidió pinceles. Hoy, esa petición se traduce en una colección de cuadros únicos que no solo decoran paredes, sino que proponen un viaje sensorial. Cada pieza es una invitación a mirar a través de sus ojos, donde el color no es solo estética, sino un testimonio de supervivencia.
Un ecosistema de apoyo y talento
La inauguración no fue un acto protocolario frío; fue una reunión de afectos. Entre la notable afluencia destacaron personalidades del arte, maestros y amigos que han sido testigos de la evolución de Rodrigo. Illya Haro, Secretaria de Cultura del XXV Ayuntamiento y coleccionista declarada de su obra, destacó la importancia de estos espacios:
“Estamos ante un artista muy especial. Esta muestra, que incluye por primera vez un catálogo oficial, reafirma que el arte es nuestra herramienta más potente para la inclusión y la sanación social”.
La triada del éxito: Familia, maestros y pasión
El momento más emotivo de la tarde llegó con las palabras de Rocío Galván, quien enfatizó que el brillo de Rodrigo es el resultado de un «equipo sustentable». Conmovida, agradeció la paciencia de los maestros y la presencia de los asistentes:
“Esta unión de este equipo, entre papás, maestros y los alumnos, es sin duda algo bueno y sustentable. Amo a Rodrigo… este gesto de amistad y apoyo es invaluable”, expresó antes de dar el corte de listón oficial.
¿Por qué visitar «Mi Mundo, Mis Colores»?
Cada cuadro de Rodrigo es una pieza irrepetible. Su técnica, que ya ha llevado su firma a colecciones en el extranjero, logra que el espectador se pierda en texturas y matices que narran una historia de resiliencia. La Casa de la Cultura, un recinto que hoy más que nunca late al ritmo de los colores de Rodrigo. Esta es una oportunidad para entender que, a veces, el mundo se ve mejor cuando lo pintamos de nuevo.







