Antonia Álvarez, directora de Frontera Autismo, puso rostro a la lucha de miles de mujeres que sostienen el sistema de cuidados en la ciudad. Tras quedar viuda y cuidar a dos hijos neurodivergentes, Antonia relató la crudeza económica: «Nos dan una tarjeta de apoyo, pero eso no cubre ni una semana de la dieta especial o el transporte especializado que mis hijos necesitan». El dilema para muchas familias es desgarrador: comprar comida para la semana o pagar una sola sesión de terapia privada.
Ante el cierre de centros comunitarios y las listas de espera de hasta un año en el Hospital Infantil o el Teletón, Antonia decidió no esperar más al gobierno y creó un club deportivo inclusivo. «El deporte es su medicina inmediata, les da estructura y socialización», afirmó. Su testimonio es un reclamo directo a la falta de un sistema nacional de cuidados que reconozca que las madres cuidadoras también necesitan descanso, salud mental y solvencia económica para no colapsar.











