La neuropsicología, disciplina que se desprende de las neurociencias, ha cobrado relevancia en México en los últimos años como un campo especializado en la comprensión de los cambios emocionales, conductuales y cognitivos derivados de afectaciones cerebrales. Así lo explicó Víctor Hugo Aviña Lomelí, neuropsicólogo clínico y director del Centro Neuropsic México, quien destacó que esta área se diferencia de la psicología tradicional por integrar conocimientos de la neurología y la bioquímica cerebral.
“La neuropsicología lo que busca es entender cuáles son esos cambios emocionales, conductuales, cognitivos que se presentan en distintos daños cerebrales. Llámese derrame cerebral, embolia, trastornos de neurodesarrollo, autismo, déficit de atención o discapacidad intelectual”, señaló Aviña.
El especialista recordó que el auge de las neurociencias se dio a partir del año 2000, aunque sus bases se remontan a mediados del siglo XX, cuando tras las guerras mundiales se observó cómo el daño cerebral afectaba la conducta y las emociones. “Puede cambiar radicalmente lo que somos con un pequeño daño cerebral”, advirtió.
Aviña explicó que la intervención neuropsicológica se desarrolla en fases, comenzando con la identificación de fortalezas y debilidades cognitivas. “Estamos hablando de cómo está la atención, la memoria, la capacidad de pensamiento, de raciocinio, de abstracción, pero también el factor emocional y conductual”, detalló.
El objetivo es evitar tratamientos “a ciegas” y diseñar planes de intervención sustentados en evaluaciones objetivas. “Lo que busca precisamente la neuropsicología es evaluar a detalle toda nuestra capacidad mental, emociones y conducta para que el plan de tratamiento sea mucho más adecuado y los resultados sean más eficientes”, afirmó.
El director del Centro Neuropsic México subrayó que, a diferencia de la psicología, la neuropsicología incorpora postulados de la neurología y estudia cómo la bioquímica cerebral influye en la conducta. “Una relación tóxica en muchas ocasiones tiene un vínculo directamente con dopamina, específicamente en el momento de una etapa que se llama luna de miel. Se genera una gran producción dopaminérgica y eso genera un gancho a relaciones patológicas”, ejemplificó.
De esta manera, la neuropsicología busca integrar lo emocional, lo biológico y lo social, recordando que “somos entes biopsicosociales”.
En cuanto a la formación académica, Aviña recordó que en Tijuana la primera maestría en neuropsicología surgió apenas en 2017. “Cuando yo llegué aquí a Tijuana ya ejerciendo la neuropsicología, éramos alrededor de cinco neuropsicólogos, muchos enfocados en la parte académica o que no ejercían”, comentó.
Aunque actualmente existen programas en distintas universidades del país, el especialista reconoció que aún hay déficit de profesionales. “Sí hacen falta neuropsicólogos, porque uno es muy reciente y dos porque también se desconoce el papel del neuropsicólogo dentro de los tratamientos en el daño cerebral”, puntualizó.
Finalmente, Aviña destacó que la neuropsicología permite diagnósticos más certeros en condiciones como déficit de atención y autismo, frente a las limitaciones de la psicología general. “En muchas ocasiones se aplican pruebas que no tienen una validez diagnóstica, solamente son interpretativas y carecen de evidencia científica. Dentro de la formación neuropsicológica se busca objetivizar y científicizar varios de los aspectos emocionales y conductuales”, concluyó.












