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Castillo Ferrer tradición mexicana en el Valle de Guadalupe

En el corazón del Valle de Guadalupe, una de las regiones vitivinícolas más reconocidas de México, se encuentra Castillo Ferrer, una casa vinícola que celebra más de 15 años de historia produciendo vinos con identidad propia. Fundada por Gabriela Castillo, esta bodega se distingue por su producción artesanal y su compromiso con la calidad. Aunque su capacidad anual ronda los 60 mil litros, cada botella refleja el orgullo de ser mexicana: desde la siembra de las uvas hasta la elaboración final, todo se realiza con manos nacionales.

Variedad de etiquetas para todos los gustos

Castillo Ferrer cuenta con 11 etiquetas que abarcan una amplia gama de estilos:

  • Blancos y rosados frescos y ligeros.
  • Tintos con carácter, desde opciones suaves hasta vinos de gran fuerza.
  • Vinos dulces, como el reconocido “Amore”, uno de los favoritos del público.

Entre sus variedades de uva destacan tempranillo, merlot, malbec, syrah, cabernet, nebbiolo, barbera, chardonnay y sauvignon blanc, lo que permite ofrecer experiencias diversas para cada paladar.

Orgullo mexicano y liderazgo femenino

Gabriela Castillo ha enfrentado el reto de abrirse paso en un mundo tradicionalmente dominado por hombres. Sin embargo, su visión y esfuerzo han consolidado a Castillo Ferrer como una vinícola referente. Además, la casa tuvo como primera enóloga a Laura Zamora, pionera en la enología mexicana y ejemplo de liderazgo femenino en el sector.

Retos de producir vino en Baja California

Producir vino en México no es sencillo. La falta de infraestructura, el costo de insumos importados y la escasez de agua son desafíos constantes. Aun así, el Valle de Guadalupe ofrece bondades únicas en su tierra y clima, lo que permite obtener uvas de gran calidad. Gabriela subraya la necesidad de apoyos reales por parte del gobierno para fortalecer la industria vitivinícola nacional.

La experiencia de visitar Castillo Ferrer

Más allá del vino, Castillo Ferrer busca brindar una experiencia cálida y familiar. Cada visitante encuentra un espacio donde se siente “abrazado como en casa”, disfrutando no solo de los vinos, sino también de la hospitalidad que caracteriza a esta vinícola mexicana.


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