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Radiografía de las mujeres en México rumbo al 8 de marzo

Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer invita a reflexionar sobre los avances y desafíos en materia de igualdad de género, derechos y participación plena de las mujeres en la vida social, económica y política. En este contexto, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) presenta un panorama actualizado sobre la situación de las mujeres en México, a partir de los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2025. Los datos permiten dimensionar tanto los progresos alcanzados como las brechas que aún persisten.

Una población mayoritariamente joven y con mayor nivel educativo

Al tercer trimestre de 2025, México registró 103.1 millones de personas de 15 años y más, de las cuales 53.1 % son mujeres. La mayor concentración femenina se ubica en los grupos de 15 a 24 años (19.8 %) y 25 a 34 años (18.1 %), lo que refleja una población predominantemente joven. En contraste, los grupos de 55 a 64 años y 65 años y más representan proporciones menores (13.7 % y 14.5 %, respectivamente).

En términos educativos, la última década muestra avances significativos. Entre 2015 y 2025, la proporción de mujeres con estudios de nivel medio superior y superior pasó de 27.2 % a 38.3 %, mientras que quienes tenían primaria incompleta disminuyeron de 17.0 % a 11.7 %. Estos cambios evidencian un acceso creciente a la educación formal, aunque aún persisten desigualdades en el mercado laboral.

Participación económica: una brecha que no cede

Pese al aumento en escolaridad, la participación económica femenina continúa siendo considerablemente menor que la masculina. En 2025, 45.7 % de las mujeres formaban parte del mercado laboral, frente a 75.1 % de los hombres, lo que representa una brecha de 29.4 puntos porcentuales. La ocupación entre quienes participan es similar (97.0 % mujeres y 97.2 % hombres), pero la diferencia radica en cuántas pueden o logran incorporarse.

Las entidades con mayor participación económica femenina fueron Colima (56.6 %), Baja California Sur (55.8 %) y Ciudad de México (54.8 %). En el extremo opuesto, Chiapas (32.5 %), Veracruz (36.3 %) y Zacatecas (40.7 %) registraron los niveles más bajos, reflejando desigualdades regionales profundas.

Subocupación e ingresos: brechas que afectan más a las mujeres

La subocupación —personas que trabajan menos horas de las que desean— afecta más a las mujeres con mayor escolaridad. En 2025, 39.7 % de las mujeres con estudios medio superior y superior se encontraban subocupadas, frente a 36.8 % de los hombres con el mismo nivel educativo. Esto sugiere que, aun con formación avanzada, las mujeres enfrentan mayores obstáculos para acceder a empleos acordes con sus capacidades.

Las diferencias también se reflejan en los ingresos. Casi la mitad de las mujeres ocupadas (46.7 %) percibía hasta un salario mínimo, mientras que entre los hombres esta proporción fue de 34.0 %. Además, 5.6 % de las mujeres no recibía ingresos por su trabajo, cifra superior al 4.8 % registrado entre los hombres. Solo 25.6 % de las mujeres ganaba entre uno y dos salarios mínimos, frente a 33.6 % de los hombres.

Informalidad y trabajo no remunerado: una carga desigual

De los 24.3 millones de mujeres ocupadas, 55.9 % se encontraba en condiciones de informalidad laboral, lo que implica menor acceso a seguridad social y prestaciones. Además, 9.4 % trabajaba sin recibir remuneración, más del doble que los hombres (4.5 %). En contraste, solo 3.5 % de las mujeres se identificó como empleadora, frente a 6.7 % de los hombres, lo que evidencia barreras para emprender o dirigir negocios.

Brecha laboral: disponibilidad sin oportunidades

La llamada brecha laboral, que mide la necesidad de incorporarse o mejorar la participación en el mercado laboral, fue de 20.8 % entre las mujeres, frente a 14.3 % entre los hombres. Dentro de este indicador, destaca que 12.1 % de las mujeres estaba disponible para trabajar pero no había logrado incorporarse, mientras que entre los hombres esta proporción fue de 4.8 %.

Los datos del INEGI muestran un panorama complejo: aunque las mujeres han avanzado en escolaridad y presencia en espacios públicos, las desigualdades estructurales en participación económica, ingresos, informalidad y oportunidades laborales persisten. En el marco del 8 de marzo, estas cifras recuerdan la importancia de fortalecer políticas que garanticen igualdad sustantiva, acceso a empleos dignos y condiciones que permitan a las mujeres ejercer plenamente sus derechos.

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