¿Qué pasa con los tesoros que acumulamos a lo largo de la vida cuando ya no estamos? Para muchos coleccionistas, esta es una verdadera «historia de terror»: ver cómo el esfuerzo de años termina arrumbado en la basura o malvendido por familiares que no comparten la misma pasión. Precisamente para evitar ese destino, y para cumplir una promesa de la infancia, Mauricio Limón fundó en 2017 el Museo del Coleccionista y el Museo de Lucha Libre en Tijuana, un espacio único en su tipo que resguarda la memoria popular de México.
Un sueño de la infancia y una alianza clave
La semilla de este proyecto se plantó cuando Mauricio era apenas un niño. En su primera visita a la Ciudad de México, buscó con ilusión un museo dedicado a su gran pasión: la lucha libre. Al descubrir que no existía, se juró a sí mismo que de grande fundaría uno. Años más tarde, el destino lo unió con Miguel Ángel Pérez (Q.E.P.D.). Ambos compartían la afición por coleccionar promocionales nostálgicos de productos y papitas cien por ciento mexicanas. Tras una exhibición en el Palacio Municipal y escuchar el triste destino de las colecciones de otros amigos fallecidos, tomaron una decisión: era hora de abrir las puertas de sus propias casas y compartir sus tesoros con el mundo en un edificio de dos plantas. «Hay muchos coleccionistas en México y en el mundo, pero todo está en casa, todo está guardado, nadie lo conoce. Nosotros quisimos que la gente viera estas piezas y motivar a otros a sacar sus cosas», comparte Mauricio Limón.
Joyas exclusivas y un concepto «Sin límite de tiempo»
A diferencia de otros espacios en el país que tienen exhibiciones mixtas o dedicadas a un solo personaje (como el Museo del Santo en Tulancingo), el de Tijuana destaca por su curaduría.
- Planta Baja (Museo del Coleccionista): Enfocado en superhéroes, juguetes y promocionales que salieron exclusivamente en el mercado mexicano.
- Planta Alta (Museo de Lucha Libre): Una colección 100% personal de Mauricio Limón, adquirida a lo largo de su vida mediante regalos, compras directas a los luchadores y rescates de colecciones completas.
Además, la experiencia del visitante está diseñada bajo la filosofía personal de su fundador: cero presiones. Inspirado por lo molesto que resulta tener a un guardia siguiendo tus pasos en otros museos, aquí todo está protegido por vitrinas, cámaras y sensores de luz inteligentes. Los visitantes son libres de recorrer las salas a su propio ritmo, una dinámica que Limón define perfectamente con el argot del ring: «Es como la lucha libre: sin límite de tiempo» (o al menos hasta las 6:00 PM). Hay quienes entran, pasan tres o cuatro horas admirando las piezas, salen a comer y regresan a seguir disfrutando.
Próximos cambios y detalles de visita
El museo se mantiene en constante evolución. De cara a su próximo décimo aniversario, ya preparan modificaciones en sus vitrinas para abrirle un espacio especial a las mujeres de la lucha libre local de Tijuana. Si quieres sumergirte en este viaje al pasado, estos son los detalles para tu visita:
- Días: Viernes, sábado y domingo (los días donde la magia verdaderamente revive).
- Horario: 10:00 AM a 6:00 PM.
- Costo de entrada: 80 pesos (un ajuste reciente para igualar los costos operativos de la región tras mantener una tarifa fija de 50 pesos durante años).
- Recorridos: Aunque el 95% de la gente prefiere la exploración libre y tranquila, existe la opción de solicitar un recorrido guiado si hay personal disponible.
En la era de las redes sociales, donde muchos muestran sus colecciones desde sótanos o habitaciones a través de una pantalla, el Museo del Coleccionista de Tijuana se mantiene firme como un templo físico e independiente que vale la pena conocer en vivo. ¡A ras de lona y con la nostalgia a flor de piel!








