En el marco del Diálogo Ciudadano sobre la Ley General de Aguas, el Dr. Marco Antonio Samaniego (CIAGUABC) presentó una radiografía contundente sobre la vulnerabilidad hídrica de Baja California. Su mensaje fue una sacudida al idealismo político: en la frontera, la supervivencia no depende de discursos nacionalistas, sino de una compleja gestión internacional y de una administración local libre de corrupción.
La Ilusión de la Soberanía Hídrica
Para el Dr. Samaniego, hablar de soberanía total en el norte de México es ignorar la geografía. El 95% del agua que consume Tijuana proviene de las montañas de Colorado, Wyoming y Utah, en Estados Unidos. «La soberanía está totalmente perdida cuando nos damos cuenta de que vivimos de agua que no se produce en este país», señaló. Propuso sustituir el término «soberanía» por el de «codependencia». No se trata de un país poderoso imponiendo condiciones, sino de una relación de coordinación necesaria. Sin embargo, la realidad es alarmante: desde 2008, la región ha sufrido recortes de 300 millones de metros cúbicos, presionados principalmente por el sector agrícola y la crisis climática en la cuenca del Río Colorado.
Uno de los puntos más críticos de su intervención fue la denuncia a la gestión interna de los organismos de agua. Samaniego señaló que la falta de continuidad en las Comisiones de Servicios Públicos (como la CESPT) es un obstáculo mayor para cualquier solución técnica. El desfile de funcionarios —con cambios que ocurren incluso cada semestre— impide una planeación estratégica real. Además, hizo eco de una denuncia ciudadana histórica: la percepción de que las comisiones estatales del agua han operado como «cajas chicas» de los gobernadores en turno. Mientras el manejo del agua sea visto como un botín político y no como el recurso vital del que dependemos para vivir (advirtiendo que el ser humano no sobrevive más de seis días sin ella), la crisis seguirá escalando.
El doctor vinculó la crisis hídrica con la gestión de los desechos sólidos. La basura que se tira en las calles de Tijuana termina en el cauce del río, convirtiéndose en un «problemón internacional» monitoreado en tiempo real por agencias estadounidenses. «Esa basura está a nuestro cuidado todos los días. Con solo evitar que llegue a los sitios por los que pasa a Estados Unidos, solucionaríamos un conflicto internacional», afirmó, subrayando que la ética ciudadana es la primera línea de defensa de la cuenca.
La participación en la nueva Ley General de Aguas debe servir para «afinar» las propuestas y vigilar a las instituciones. La seguridad hídrica de Baja California no se garantiza con discursos, sino con una coordinación binacional eficiente, transparencia administrativa y una ciudadanía que entienda que el agua que llega a su hogar es un recurso prestado por la geografía y la diplomacia.











