En una demostración de fe y unidad sin precedentes, la edición de este año de la Marcha Peregrinación por la Vida y la Paz logró convocar a una multitud de comunidades religiosas, movimientos laicales, familias, jóvenes y niños. Bajo un sol que abrazaba el fervor de los asistentes, la ciudad envió un mensaje claro: la reconstrucción de la paz es una urgencia que no puede esperar.
«La reconstrucción es tarea de todos»: Mons. Mario Villanueva
El Administrador de la Arquidiócesis de Tijuana, Mons. Mario Villanueva, presidió la misa de clausura con una homilía centrada en la corresponsabilidad. El Arzobispo fue enfático al señalar que «la reconstrucción del tejido social es tarea de todos», subrayando que la fe y los valores humanos son los cimientos indispensables para sanar las heridas de una sociedad lastimada por la inseguridad.
El clamor de la familia: Un manifiesto por la dignidad
Uno de los momentos más profundos ocurrió cuando una familia de un movimiento laical tomó el micrófono para expresar un mensaje íntegro de esperanza y exigencia social. Con voz firme, llamaron a recuperar «el respeto a la persona, a la fe, a una vida digna y a la seguridad que garantice regresar cada día salvos a casa». En su discurso, pusieron especial énfasis en la protección de los más vulnerables:
«Nuestros hijos y jóvenes tienen el derecho de vivir y realizarse de una manera íntegra en un ambiente seguro, donde su pureza e inocencia no corran riesgo y puedan ser orientados sin deformar su conciencia y naturaleza».
Un «No» valiente y un «Sí» a la esperanza
Inspirados por el centenario del testimonio de los cristeros, la comunidad laical hizo un llamado a ser «valientes cristianos» para cambiar el rumbo de la ciudad. En un bloque de definiciones contundentes, la plaza resonó con sus palabras:
- NO: A la violencia y al narcotráfico, a la trata de blancas y al abuso infantil, al aborto, a los vicios, a la ideología de género y a la desaparición de jóvenes.
- SÍ: A la vida segura y sin violencia, a la educación y al progreso, a la vida fraterna y solidaria, y especialmente a la vida desde la concepción hasta la muerte natural.
- SÍ: A la infancia sana, a los principios morales y religiosos, a la familia tradicional y a la paz.
- La familia representante concluyó invitando a los tijuanenses a no ser indiferentes ante el dolor ajeno, viendo en cada hermano necesitado el rostro sufriente de Jesús. La jornada cerró con una explosión de júbilo y fe bajo los gritos de «¡Viva Cristo Rey!» y «¡Viva la Virgen de Guadalupe!», sellando el compromiso de una comunidad que se niega a rendirse ante la violencia.









