El Foro de Neurodiversidad sin barreras para infancias, juventudes y adultos se convirtió en una tribuna de denuncia valiente cuando jóvenes como Ana relataron los horrores vividos en instituciones locales. «En el Hospital de Salud Mental nos lastimaban físicamente para tenernos quietos; ver a nuestra familia era un privilegio que debíamos ‘ganarnos’ con buen comportamiento», denunció Ana Paula. La joven relató que la sobremedicación en el IPBC le provocó sus primeras convulsiones, acusando a los profesionales de seguir protocolos rígidos que olvidan la dignidad humana.
Por su parte, Bernardo compartió cómo el entorno escolar lo hizo sentir «defectuoso» durante años por no socializar como los demás. «A veces me preguntaba por qué vine al mundo así, hasta que entendí que mi forma de percibir la realidad no está mal, solo es diferente», expresó. Ambos testimonios coincidieron en que el sistema de salud en Baja California trata a la neurodivergencia como una patología que debe ser «sometida» y no como una identidad que requiere respeto y adaptaciones.











