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Yazmín Méndez analiza el impacto emocional cuando la escuela sustituye al hogar

La idea de que las escuelas funcionan únicamente como centros de aprendizaje ha quedado rebasada por una realidad que especialistas observan cada vez con mayor frecuencia: niñas, niños y adolescentes que encuentran en el aula un refugio emocional ante la falta de acompañamiento en casa. Así lo explicó la psicóloga Yazmín Méndez Suárez, integrante del Centro Integral de Educación y Psicología MAENA y del Colegio de Comunicólogos de Baja California, durante una entrevista en el programa Circunferencia en Espiral, transmitido por Fusión 102.5 FM.

Méndez Suárez señaló que la relación entre educación y psicología es inseparable, pues el desarrollo infantil depende de un trabajo conjunto entre escuela, familia y comunidad. Cuando uno de estos entornos falla, el impacto se refleja en lo académico, lo emocional y lo conductual. La especialista advirtió que aún existe resistencia de algunas familias para aceptar observaciones de docentes o buscar apoyo profesional, lo que retrasa intervenciones necesarias. “Los docentes no son enemigos ni niñeras; son aliados. Si señalan una dificultad, hay que atenderla”, enfatizó.

La psicóloga describió cómo las largas jornadas laborales, el cansancio y la falta de tiempo de calidad provocan que muchos menores no encuentren en casa un espacio para expresar emociones o hablar de su día. Esto, dijo, puede derivar en tristeza, aislamiento e incluso depresión. En ese vacío, la figura docente se convierte en la primera persona que escucha, orienta y contiene. “Ahí se forma un vínculo que, aunque comprensible, puede desplazar la relación pedagógica. El aula deja de ser solo un espacio de aprendizaje y se convierte en un refugio emocional”, explicó.

Este fenómeno, añadió, también afecta al personal docente, que enfrenta grupos numerosos y una carga emocional que no les corresponde. “Los maestros no son psicólogos, pero terminan cargando con las emociones de sus alumnos. Eso genera estrés, ansiedad y desgaste”, señaló. Por ello, insistió en la importancia de que las escuelas activen protocolos cuando detecten señales de riesgo: autolesiones, consumo de sustancias, descuido en higiene o alimentación, o indicios de abuso. En esos casos, dijo, es indispensable involucrar a directivos y, de ser necesario, a las autoridades.

Méndez Suárez también detalló las señales que pueden indicar que un estudiante ve la escuela como refugio: apego excesivo al docente, necesidad constante de atención, ruptura de reglas, comportamientos que imitan la dinámica del hogar o cambios drásticos en la participación. “Muchos docentes lo interpretan como mala conducta, pero en realidad es una forma de pedir ayuda”, afirmó. La psicóloga recomendó evitar ridiculizar o aislar al menor y, en cambio, validar su presencia y redirigir su conducta con cercanía y respeto.

La especialista subrayó que este fenómeno se presenta en todos los niveles educativos, desde preescolar hasta universidad, y que los adolescentes requieren especial atención por el aumento de pensamientos negativos y conductas de riesgo. Para las familias, recomendó dedicar al menos 15 a 20 minutos diarios de tiempo de calidad sin dispositivos electrónicos, establecer rutinas, crear rituales que brinden seguridad y mantener comunicación constante con la escuela. También recordó que existen opciones de apoyo accesibles, como DIF Tijuana y MAENA, donde pueden obtener asesorías y becas.

En su análisis, Méndez Suárez destacó que la falta de acompañamiento emocional no solo afecta el rendimiento escolar, sino que puede generar patrones de dependencia afectiva hacia figuras docentes. Esto, explicó, provoca que el estudiante confunda el rol educativo con el rol parental, lo que dificulta la disciplina, la autonomía y la capacidad de autorregulación. “Cuando el docente se convierte en la única figura de escucha, el aprendizaje se ve comprometido porque el alumno ya no distingue entre guía académica y contención emocional”, señaló.

Finalmente, la psicóloga hizo un llamado a reconocer que el bienestar emocional de niñas, niños y jóvenes es una responsabilidad compartida. Las escuelas, dijo, pueden ser espacios seguros, pero no deben cargar solas con la tarea de suplir carencias afectivas. “La escuela no puede reemplazar el hogar. El futuro de los estudiantes depende de que familia, docentes y especialistas trabajen juntos. Solo así podremos evitar que el aula sea el único refugio que encuentran”, concluyó.

NOTA: la entrevista fue realizada por Isaías Plascencia Rosales y Mónica Peraza Ramirez en el programa de radio, Circunferencias en Espiral, esto a través de Fusión 102.5 FM del IMER

Audio parcial de la entrevista:

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