No fue una marcha más; fue un recordatorio vibrante de que la herida sigue abierta, pero la lucha está más viva que nunca. Alrededor de la 1:00 PM, el monumento México (mejor conocido como «Las Tijeras») comenzó a teñirse de morado y verde. Colectivas, activistas, comunidades femeninas y, de manera destacada, madres buscadoras, se congregaron portando mantas y carteles que exigían lo que el Estado aún les adeuda: verdad y justicia.
Un espacio para todas: Inclusividad y cuidado
La organización de este año destacó por su enfoque en la seguridad de las asistentes. Desde los altavoces, las voces organizadoras daban instrucciones claras: “Mamás con infantes y personas neurodivergentes al frente, tenemos un espacio para que estén en zona segura”. Entre la multitud, se observaban rostros jóvenes, adolescentes e incluso niños acompañando a sus madres, demostrando que la conciencia de género se hereda.
El rugir de los motores anunció la llegada de las chicas bikers, quienes se sumaron al contingente, seguidas por el ritmo ensordecedor y combativo de la batucada, que se posicionó al frente del bloque morado para marcar el paso.
Consignas que cortan el aire
Al avanzar por la Avenida Paseo de los Héroes, el ambiente se llenó de consignas que ya son el himno de una generación:
- “¡Señor, señora, no sea indiferente, nos desaparecen en la cara de la gente!”
- “¡No somos una, no somos cien, pinche gobierno cuéntanos bien!”
- “¡Al violador a la licuadora!”
El trayecto hacia la glorieta de Abraham Lincoln fue una intervención del espacio público: cantos, consignas, pegatinas de «Se busca» y pintas que reclamaban justicia sobre el asfalto.
El clímax: El choque contra la indiferencia institucional
La tensión alcanzó su punto máximo al llegar a la Fiscalía General del Estado y al Tribunal de Justicia. En estos puntos, la marcha dejó de ser una caminata para convertirse en una descarga de impotencia acumulada. Los golpes secos y las piedras contra los cristales no fueron actos aislados, sino la manifestación física del hartazgo.
Fue el estallido de quienes luchan diariamente por ser escuchadas frente a la impunidad del feminicida, el acoso sistemático y la figura del deudor alimentario. Los muros de las instituciones, fríos ante la negligencia judicial, recibieron el reclamo directo de las mujeres que han sido ignoradas por el sistema; una catarsis necesaria ante la falta de justicia que viven miles en la región.
Cierre: Hermandad y micrófono abierto
Tras pasar por el Ayuntamiento de Tijuana, el contingente regresó al punto de partida en «Las Tijeras». Ahí, el fuego de la protesta se transformó en el calor de la hermandad. Bajo la sombra del monumento, se mantuvo el micrófono abierto para que las mujeres compartieran sus testimonios, cerrando la jornada entre cantos y el compromiso de seguir unidas hasta que la justicia se haga costumbre.



















