La psicóloga Angélica Ponce de León (MAENA) y la neuropsicóloga Montserrat Mancera alertaron sobre una crisis sistémica de detección temprana. Mientras los padres suelen notar señales de alerta (falta de contacto visual o retraso en el habla) a los 18 meses, el diagnóstico oficial en Tijuana llega, en promedio, hasta los 4 años. Esta «ventana de silencio» de dos años es crítica, pues se pierde el periodo de mayor plasticidad cerebral del niño.
«En instituciones como el IMSS, las consultas de 15 minutos son un muro; los médicos generales no tienen el tiempo ni la capacitación para aplicar herramientas básicas como el test M-CHAT«, denunció Ponce de León. Las especialistas urgieron a que este tamizaje sea obligatorio desde los 16 meses de edad en todas las clínicas. Un diagnóstico temprano no solo orienta a la familia, sino que evita que el niño sea etiquetado como «berrinchudo» o «agresivo», previniendo ciclos de violencia física y exclusión escolar desde el preescolar.











