La coordinadora del congreso sobre neurodivergencia, Karla Mariela Aguilar Pastrana, hizo un llamado enérgico a la sociedad y al Estado para transformar la inclusión de las personas con autismo de una «responsabilidad pendiente» a una práctica cotidiana y digna. Durante su intervención, destacó que el diagnóstico no debe ser una barrera para el desarrollo humano, sino un punto de partida para generar condiciones de vida más bondadosas.
El miedo al diagnóstico en el entorno laboral
Uno de los puntos más críticos abordados fue la exclusión en los centros de trabajo. Aguilar Pastrana señaló que muchas personas neurodivergentes ocultan su diagnóstico por temor a ser rechazadas durante la contratación. Esta falta de transparencia, motivada por el estigma social, genera retos de autorregulación y resolución de problemas que, al no ser comprendidos por las empresas, derivan en despidos.
La coordinadora instó a las organizaciones a aplicar correctamente la Norma 035, la cual protege la salud mental en los espacios laborales, y a dejar de ver la neurodiversidad como un reto insuperable.
Educación un derecho, no una carga para los padres
En el ámbito académico, Aguilar Pastrana denunció la carga económica y logística que se traslada a las familias, como la contratación de «maestras sombra». Subrayó que, según el Artículo 3º Constitucional, el derecho a la educación igualitaria es responsabilidad del Estado y de las instituciones educativas, quienes deben proveer los recursos necesarios para el aprendizaje.
Con la reciente eliminación de los exámenes de admisión en las preparatorias, se espera una mayor afluencia de jóvenes neurodivergentes en el sistema educativo. Por ello, hizo una invitación directa a las universidades para que creen condiciones adecuadas que permitan a estos estudiantes cursar ingenierías o licenciaturas de forma empática y digna.
«Poner de moda» la inclusión
Finalmente, la experta propuso un cambio de narrativa social: «poner de moda» la visibilización de la neurodivergencia para reducir la violencia y la exclusión. Al crear espacios más humanos, se busca disminuir la incertidumbre de los padres sobre el futuro y la vida adulta de sus hijos. «Visibilizar nos ayuda a atender y a dar un trato más digno a personas que tienen los mismos derechos que todos los demás», concluyó.







