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Isabel Díaz Ayuso y la narrativa del “amor” colonial

La visita de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, a Ciudad de México el 5 de mayo, dejó un discurso que reavivó el debate sobre la memoria histórica y las interpretaciones del pasado colonial. Durante el acto Celebración por la Evangelización y el Mestizaje en México: Malinche y Cortés, un evento que rindió homenaje a Hernán Cortés y buscó reivindicar las alianzas entre España y México, Ayuso presentó una lectura del proceso de conquista que ha sido ampliamente cuestionada por especialistas y sectores sociales.

En su intervención, Ayuso afirmó que la expansión del español en América y los vínculos entre ambos países solo pueden entenderse “desde el amor”, asegurando que los últimos cinco siglos han sido “una historia de amor, no de odio”. También sostuvo que quienes critican el legado colonial buscan “rehuir del presente” y “crear enemigos ajenos”. Estas declaraciones, pronunciadas en un país donde la conquista es un tema profundamente sensible, fueron interpretadas como una minimización de las violencias históricas asociadas al proceso de colonización.

La presidenta madrileña reivindicó figuras como Isabel la Católica, Hernán Cortés y Francisco Pizarro, presentándolos como protagonistas de un legado civilizatorio compartido. Al afirmar que “habría que ser muy zotes para odiarnos y compartir los apellidos”, Ayuso redujo procesos complejos —como la imposición lingüística, la esclavitud, la evangelización forzada y la reorganización social basada en jerarquías raciales— a una narrativa afectiva que omite conflictos, resistencias y desigualdades históricas. Este tipo de lectura ha sido ampliamente debatida en estudios sobre hispanidad y mestizaje.

Uno de los momentos más controvertidos fue su referencia a que “Madrid tiene hoy muchas malinches”, frase que buscó enmarcar la migración latinoamericana como símbolo de integración. Sin embargo, especialistas en historia y estudios poscoloniales recuerdan que la figura de Malintzin estuvo marcada por la esclavitud, la coerción y la instrumentalización política, por lo que convertirla en emblema de armonía cultural simplifica su complejidad histórica y desconoce debates contemporáneos sobre racismo y desigualdad tanto en México como en España.

El propio evento —un homenaje a Cortés en pleno siglo XXI— evidencia tensiones entre dos visiones del pasado: una que busca reafirmar la hispanidad como proyecto cultural común, y otra que exige revisar críticamente las violencias de la conquista. En México, donde la discusión sobre la memoria histórica sigue viva, el discurso de Ayuso fue interpretado por algunos sectores como una provocación y por otros como un intento de reposicionar la narrativa hispanista en América Latina.

Ayuso concluyó su intervención con un llamado a que “la libertad nunca pida perdón por ser libertad”, frase que contrasta con demandas contemporáneas que exigen reconocer las heridas históricas y construir relaciones internacionales basadas en la justicia y la igualdad, no solo en la evocación simbólica del mestizaje.

El discurso de la presidenta madrileña no cerró debates: los reabrió. Y obliga a preguntarse cómo dialogar sobre un pasado compartido sin caer en simplificaciones, cómo construir puentes sin negar las violencias que marcaron la historia y cómo avanzar hacia una relación entre España y México que reconozca tanto los vínculos culturales como las desigualdades heredadas.

spanish national flag waving in clear sky
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