Lo que comenzó hace 21 años como un pasatiempo post-jubilación tras la invitación de un ingeniero agrónomo, se transformó en la vocación de vida para Amado Nevares Sevilla. Hoy en día, al frente de su producción con un promedio de 150 colmenas distribuidas estratégicamente en Piedras Gordas, San Antonio de las Minas y el Valle de Mexicali, este apicultor bajacaliforniano es testigo directo de cómo las alteraciones ambientales están transformando el comportamiento y la supervivencia de las abejas.
Alimentación artificial para la supervivencia
La producción de miel es un reflejo directo de las condiciones atmosféricas. La dependencia de los ciclos de lluvia y las temperaturas estables hace que la apicultura sea una de las actividades más vulnerables al calentamiento global. Nevares Sevilla señala que, particularmente en el municipio de Ensenada, el panorama actual es crítico y los volúmenes de producción han descendido de forma alarmante. Ante la escasez de floración provocada por las sequías crónicas, los apicultores se ven obligados a intervenir de manera técnica para garantizar la subsistencia de los enjambres:
- Soporte calórico: Suministro artificial de jarabe de agua con azúcar durante las temporadas críticas sin flores.
- Suplementación nutricional: Aporte de proteínas esenciales para mantener el sistema inmunológico y la energía de la colmena.
La abundancia hídrica del Valle de Mexicali
A diferencia de la compleja situación que se vive en las zonas costeras y valles de Ensenada, el panorama en el Valle de Mexicali es radicalmente opuesto. La clave detrás de este éxito productivo radica en la infraestructura y el tipo de explotación de la tierra.
Mexicali cuenta con grandes extensiones de agricultura respaldadas por un sistema de canales de riego estables. Esta constante disponibilidad de agua permite el desarrollo continuo de cultivos con flores melíferas de alto valor para las abejas, garantizando un flujo constante de alimento y, por consecuencia, una recolección de miel significativamente más alta y predecible.
El ciclo biológico y comercial de «Miel Divina»
El trabajo en las colmenas sigue un ritmo biológico estricto determinado por la luz solar. A través de la «piquera» —la rendija que sirve como acceso único a la colmena y que permanece abierta de manera permanente—, las abejas obreras entran y salen libremente para pecorear (recolectar néctar y polen), regresando al caer la noche para aglomerarse y proteger la estructura hasta el amanecer.
Este esfuerzo colectivo no solo resulta en miel, sino en una gama de productos de alta demanda por sus propiedades biológicas y terapéuticas para el ser humano, tales como el polen, el propóleo, la jalea real y el veneno de abeja (apitoxina). Actualmente, la producción bajo el sello de Miel Divina ha consolidado un mercado binacional. Además de distribuirse en centros comerciales locales de Ensenada, atrae a clientes de Estados Unidos que adquieren el producto en presentaciones que van desde litros y galones hasta cubetas destinadas a la venta transfronteriza.
- Contacto y distribución: El proyecto comparte sus actualizaciones a través de la página oficial de Miel Divina y atiende solicitudes de distribución local en el teléfono 176 95 38.














