El Templo de San Francisco de Asís, ubicado frente al Parque Teniente Guerrero, es uno de los recintos religiosos más representativos de Tijuana. Su historia se remonta a 1951, cuando un grupo de laicos conocidos como sanfranciscanos —hoy llamados terciarios franciscanos— impulsó la creación de un espacio dedicado a San Francisco de Asís. Asesorados por frailes franciscanos, pero sostenidos principalmente por el trabajo comunitario, iniciaron la construcción desde la parte subterránea: las criptas, donde hoy reposan restos de seres queridos de numerosas familias tijuanenses.
Las criptas fueron la primera etapa del proyecto. Excavadas como base estructural y concebidas como un lugar de reposo, hoy albergan restos y cenizas de personas cuyos vínculos con la ciudad se extienden hasta finales del siglo XIX. Aunque no existe un registro público exacto, José de Jesús Alcaraz Valle, vicario provincial y presidente encargado de las obras de restauración, señala que la cantidad de restos es considerable y que aún existen espacios disponibles.
Tras descartar un predio en la colonia Independencia, los laicos adquirieron el terreno frente al parque, una zona plana y estratégica que permitió avanzar con mayor facilidad. Con el tiempo, diversos frailes franciscanos participaron en la obra, entre ellos Fray León de Zaragoza, quien retomó el proyecto arquitectónico y concluyó la edificación superior, incluyendo las dos torres y las cinco cúpulas que hoy caracterizan la silueta del templo.
El estilo arquitectónico del templo es gótico moderno, especialmente visible en los campanarios. Los planos originales contemplaban torres mucho más altas, con campanarios de triple dimensión respecto a los actuales. Sin embargo, las limitaciones presupuestales obligaron a adaptar el diseño. Aun así, el resultado final se convirtió en uno de los referentes estéticos más reconocibles de la ciudad, sostenido por generaciones de familias que participaron en su construcción mediante actividades comunitarias, ventas y donativos.
Fray José destaca que el templo nació del corazón de la comunidad: “La iglesia no son solo los sacerdotes; la iglesia es la señora, los niños, los bautizados. Ellos construyeron esto”. Muchas de estas familias continúan asistiendo al templo y apoyando las labores de restauración, reafirmando el vínculo histórico y afectivo que ha acompañado al recinto desde su origen. Para muchos tijuanenses, San Francisco es un “oasis de paz”, un lugar de encuentro espiritual y reflexión en medio del centro de la ciudad.
Tras décadas sin una restauración integral, el templo enfrenta hoy un deterioro estructural significativo. Las cúpulas, hechas de hormigón armado y recubiertas con mosaico exterior y fachaleta interior, presentan filtraciones de agua que han debilitado el acero interno. Las lluvias recientes han incrementado las goteras, pasando de tres baldes para contener el agua a más de doce en la última temporada. Además, las molduras de las torres han comenzado a desprenderse, representando un riesgo para la comunidad, por lo que desde hace tiempo se han implementado las medidas correspondientes para atender esa situación.
El proyecto de restauración contempla reemplazar materiales sin alterar la estructura original del templo. Para ello, la cantera será traída desde Zacatecas, con el fin de reproducir las molduras originales y devolver al templo su estética característica. Sin embargo, muchos de los insumos utilizados en 1951 ya no se fabrican, lo que ha obligado a buscar empresas capaces de reproducir piezas específicas, como el mosaico de 9 x 9 centímetros, indispensable para conservar la proporción de las cúpulas.
Para coordinar la restauración, Fray José conformó un consejo de siete voluntarios, entre ellos arquitectos como Carolina Vázquez y Menchaca, además de especialistas en gestión municipal. Este equipo ha trabajado en reuniones, peritajes, presupuestos y contrataciones. Una constructora de Hermosillo, asociada con una firma católica, redujo el costo inicial de nueve millones a 3.9 millones de pesos, permitiendo iniciar la obra con los recursos disponibles.
El templo no forma parte del Catálogo del Patrimonio Cultural, pues aún no cumple los cien años requeridos. Esta condición permite avanzar sin trámites federales, aunque también implica que la restauración depende totalmente del apoyo comunitario. Para ello, se han organizado actividades como conciertos, rifas, eventos temáticos y campañas de recaudación, todas orientadas a sostener las distintas fases del proyecto.
En 2026, año en que los franciscanos celebran los 800 años del Tránsito de San Francisco, el templo será sede de un concierto especial ofrecido por Ópera de Tijuana. Este aniversario es especialmente significativo porque el “Tránsito” —como lo llaman los franciscanos— no se refiere solo al momento de la muerte de San Francisco, sino a su paso confiado hacia Dios, vivido en plena paz interior. Francisco murió la tarde del 3 de octubre de 1226, en una pequeña habitación junto a la Porciúncula, hoy conocida como la Capilla del Tránsito, dentro del santuario de Santa María de los Ángeles. Allí pidió que se proclamara el Evangelio y alabó a Dios por la “hermana muerte corporal”, expresión que resume su visión espiritual de la vida y la muerte como parte de un mismo camino de amor y entrega.
Este sentido profundo del Tránsito inspira el concierto que se realizará en Tijuana: una celebración musical que busca honrar la memoria de San Francisco y, al mismo tiempo, apoyar la restauración del templo que lleva su nombre. El evento incluirá música coral, iluminación especial y una convivencia posterior en el jardín del templo, con degustaciones y música en vivo. “Es una buena causa y una oportunidad para arraigar el amor por este lugar”, señala Fray José.
El templo también ha fortalecido su presencia comunitaria mediante actividades como Huellitas por la Paz, donde familias llevan a sus mascotas para recibir bendición; rifas de vehículos; y eventos culturales que buscan recaudar fondos y reforzar el vínculo afectivo con la comunidad. “El templo es casa de todos”, afirma Fray José, recordando que generaciones enteras han celebrado aquí bautizos, bodas, despedidas y momentos significativos de su vida.
La restauración también contempla resolver problemas estructurales en las criptas, donde la filtración de agua desde terrenos aledaños ha generado humedad y deterioro. Para ello, será necesario excavar, impermeabilizar y reforzar muros, un proceso complejo que requiere permisos y coordinación con propietarios colindantes. Todo esto se suma al reto de trabajar sin maquinaria pesada, debido a que la duela interior del templo está flotando y no soporta grúas.
El proyecto se desarrolla en fases: techo exterior, cúpulas interiores, molduras, criptas y finalmente pintura interior y exterior. “Vamos hasta donde alcance la gasolina”, comenta Fray José, invitando a la comunidad a sumarse mediante donativos, compra de boletos para la rifa o participación en actividades culturales. “Todo se vale: ideas, tiempo, apoyo económico. El templo es de todos”.
Uno de los aspectos más llamativos del proceso es la creación de una carpeta histórica de restauración, donde se documentan estudios, permisos, reuniones, presupuestos y avances. La intención es dejar un registro completo para futuras generaciones, de modo que cualquier persona pueda consultar cómo se llevó a cabo la restauración y qué decisiones se tomaron en cada etapa.
Finalmente, Fray José subraya que el templo ha crecido junto con la ciudad. Cada aniversario de Tijuana, las campanas del templo suenan en celebración, recordando que este recinto ha sido testigo de la vida comunitaria durante más de siete décadas. “Los frailes estamos de paso; la comunidad permanece”, afirma. La restauración del Templo de San Francisco de Asís no solo busca proteger su estructura, sino también honrar la memoria de quienes lo construyeron y garantizar su permanencia como símbolo espiritual y cultural de Tijuana.




















