Frente al constante desabasto hídrico en la zona costera de Baja California, el mal olor cotidiano en la canalización y los proyectos de infraestructura anunciados para la región, el sector ambientalista local puso sobre la mesa un debate urgente la viabilidad real de la planta desaladora en Playas de Rosarito y las alternativas sostenibles para el Río Tijuana.
En entrevista para Ciudad Tijuana, el Ing. José Carmelo Zavala, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental (CIGA), detalló el impacto ambiental de la desalación en las costas de Rosarito, las advertencias sobre el uso de químicos en la planta y presentó una propuesta concreta para transformar el canal mediante un corredor verde.
Desaladora en Rosarito: dispersión de salmuera y el peligro de los químicos
Ante la preocupación por las afectaciones que la extracción y tratamiento masivo de agua de mar pudiera generar en la fauna y flora marina, el especialista aclaró que el manejo del «agua de rechazo» o salmuera es técnicamente viable si la descarga se ubica de forma estratégica.
«El mayor conflicto es el agua de rechazo, la salmuera. Sin embargo, tiene manejo: puede ser descargada en un punto donde las corrientes marinas la dispersen más rápidamente. El agua de mar tiene alrededor de 35 mil partes por millón de sales; la salmuera de rechazo por ósmosis inversa tendrá el doble, cerca de 70 mil. Si la descarga se realiza en un punto con corrientes fuertes, el impacto es puntual y muy limitado», explicó Zavala.
No obstante, el director del CIGA enfatizó que el verdadero riesgo ambiental no radica en la sal extraída, sino en el mantenimiento industrial diario que requieren estas instalaciones:
«El peligro real está en el manejo de los productos químicos —sales, ácidos y bases alcalinas— que se utilizan para la limpieza y mantenimiento de las membranas de filtración. Tienen que manejarse por separado de forma muy estricta y eso nos cuesta trabajo implementar como otras normas en la federación; ahí es donde debe existir una vigilancia rigurosa.»
Entre la seguridad de los 70 y la «necedad» de la naturaleza
Respecto a la molestia recurrente de residentes y visitantes por los efluentes de drenaje que corren por el canal del Río Tijuana y el planteamiento ciudadano de retirar el concreto para dejar florecer las plantas, Carmelo Zavala situó el tema en un contexto de ingeniería e historia urbana.
El especialista recordó que la canalización construida en la década de los setenta obedecía a la visión de infraestructura de la época para encauzar avenidas torrenciales y prevenir catástrofes como los históricos llenados y desfogues de la presa Rodríguez. Por ello, retirar la losa de concreto del fondo representa un riesgo hidráulico latente frente a eventos climáticos severos como el fenómeno de El Niño.
Sin embargo, destacó cómo la naturaleza gana terreno cuando se le da espacio, citando el caso del Arroyo Alamar:
«Ahí tenemos el ejemplo del Alamar: a los tres kilómetros a los que ya no se les puso concreto, vemos la ‘necedad’ de la naturaleza. Aunque lo limpien y baje el sedimento del cañón del Zayos, vuelve a nacer un bosque en el río. Es la prueba de que se pueden permitir ríos vivos urbanos.»
Propuesta un parque lineal de 50 kilómetros en los taludes
Para conciliar la seguridad contra inundaciones con la urgencia de recuperar espacios verdes y eliminar la imagen de abandono en la arteria principal de la ciudad, el director del CIGA propuso una intervención enfocada en la infraestructura existente que ya muestra deterioro físico.
«El talud del río se está cayendo a pedazos por falta de mantenimiento; la estructura de piedra se va desprendiendo por partes. Hay veintitantos kilómetros por cada lado. Si los ingenieros advierten que es un riesgo levantar el concreto del fondo, sí podemos estabilizar los muros laterales y construir un parque lineal de casi 50 kilómetros.»
Zavala concluyó que, al igual que ha ocurrido en urbes como Los Ángeles o la Ciudad de México, Tijuana tiene la oportunidad de dejar atrás el modelo puramente gris de los años setenta y transitar hacia una infraestructura verde que le devuelva la dignidad al río sin poner en peligro a la población.








