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María Curry destaca papel de jóvenes en preservación del patrimonio de Tijuana

Conocer la historia de una comunidad es también una forma de comenzar a protegerla, consideró María Eugenia Curry Castillo, coordinadora de Museos y Galerías y de la Comisión de Patrimonio Cultural de Tijuana de la Secretaría de Cultura de Baja California, al destacar la importancia de involucrar a las nuevas generaciones en la identificación y conservación del patrimonio cultural de la ciudad.

Durante un recorrido por Playas de Tijuana, Curry, en colaboración con la Universidad Iberoamericana de Tijuana, resaltó la participación de alrededor de 60 jóvenes, principalmente estudiantes de Arquitectura, quienes tuvieron la oportunidad de observar edificaciones y espacios relacionados con el desarrollo urbano de esta zona. Señaló que construcciones de hace más de seis décadas constituyen para estos jóvenes parte de una historia que deberán conocer y que, eventualmente, podrán contribuir a preservar.

Desde el ámbito profesional, explicó, conocer este patrimonio amplía las posibilidades de quienes se forman en Arquitectura, ya que su futuro ejercicio no necesariamente estará limitado al diseño y la construcción de nuevos inmuebles. La restauración, adaptación de edificios antiguos, conservación de espacios y revitalización urbana representan también campos en los que pueden intervenir.

Curry puso particular énfasis en la arquitectura moderna, al considerar que frecuentemente recibe menor atención frente a periodos históricos como el Barroco o el Neoclásico debido a su cercanía temporal. Entender las características y valores de construcciones relativamente recientes, sostuvo, permite reconocer que también pueden formar parte del patrimonio cultural de una ciudad.

La especialista señaló que la historia de Tijuana tampoco debe reducirse a espacios tradicionalmente reconocidos como la avenida Revolución, la Zona Centro o Agua Caliente. Colonias y comunidades como Playas de Tijuana, Altamira, Cacho, Chapultepec, El Mirador y El Soler permiten estudiar otros momentos del crecimiento de la ciudad desde perspectivas económicas, empresariales, sociales, urbanas y arquitectónicas.

En el caso particular de Playas de Tijuana, destacó la necesidad de observar la comunidad como resultado de diferentes procesos históricos y urbanos. La identificación de viviendas, espacios públicos y conjuntos arquitectónicos permite reconstruir parte de la forma en que esta zona fue desarrollándose y reconocer elementos que permanecen vinculados con las primeras familias, empresarios y habitantes del lugar.

Sobre los criterios necesarios para considerar un inmueble como patrimonio cultural, Curry explicó que deben identificarse valores históricos, estéticos y asociativos, además de analizar su integridad y relación con el entorno. Como ejemplo de una valoración conjunta mencionó la zona integrada por el Faro, la barda fronteriza, la playa y otros elementos de su entorno, cuya comprensión requiere mirar el espacio más allá de una construcción aislada.

Otro aspecto central de su reflexión fue la participación ciudadana. Para Curry, una declaratoria oficial por sí misma no garantiza que un sitio sea valorado o preservado si la comunidad no reconoce previamente su importancia. Por ello consideró indispensable socializar los proyectos de conservación y generar una conciencia colectiva en torno a los elementos que forman parte de la memoria de cada comunidad.

En ese sentido, planteó que existen lugares que la propia ciudadanía protege y reconoce como significativos aun sin depender inicialmente de una declaratoria formal. La conservación del patrimonio, desde esta perspectiva, comienza cuando las personas comprenden qué elementos de su entorno tienen valor y deciden mantenerlos como parte de su memoria colectiva.

Curry también destacó que una revitalización urbana acompañada de planificación y fundamentos teóricos puede ofrecer mejores resultados que las intervenciones aisladas. El reto, señaló, consiste en comprender qué valores deben preservarse y cuáles pueden incorporarse a las nuevas dinámicas de la ciudad, permitiendo que las transformaciones urbanas mantengan un diálogo con su historia.

Finalmente, valoró la participación de los jóvenes y la colaboración de la Universidad Iberoamericana Tijuana, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, la Secretaría de Cultura y especialistas participantes en la actividad. Para Curry, acercar a las nuevas generaciones al patrimonio constituye una oportunidad para que conozcan la ciudad más allá de las aulas y comprendan que preservar no significa impedir su transformación, sino reconocer aquello que tiene valor para integrarlo responsablemente al futuro de Tijuana.

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