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«El espejismo del rescate: ¿Por qué Tijuana prefiere verter concreto que salvar su vida silvestre?»

El 24 de febrero de 2021, la emblemática Colonia Libertad celebró con «bombo y platillo» la inauguración de sus letras y murales. Fue un evento de autoridades y fotos oficiales, pero hoy, la realidad en la Calle 11, cerca de las vías, es de un abandono sistemático. Lo que debería ser un «realce» visual —un pequeño parque con árboles que alberga el Viacrucis parroquial— hoy se ahoga en basura ante la mirada de negocios locales y una empresa de venta de autos.

Este espacio es el paso obligado para la niñez que va a las escuelas de la zona y el único sendero para caminar de los vecinos. Ante esto, cabe preguntar: ¿A quién le corresponde el mantenimiento de este sendero? Es incomprensible que la autoridad y vecinos permitan  que los niños  caminen entre basura en una zona que fue inaugurada con tanta gala.

El guardián que se quedó solo

Durante mucho tiempo, la limpieza de este lugar no la hizo el gobierno, sino Don Francisco Galindo, quien por iniciativa propia mantenía los senderos. Hoy, tras lesionarse, su testimonio desnuda la realidad: «Me cansé y ya no pude. Me quebré mi pie… ¿Qué voy a estar haciendo este trabajo si no me pertenece a mí? Esto le pertenece a los de la colección de basura, a los que estan abajo y la empresa de autos». Su retiro forzado deja una duda clara: ¿Cómo es posible que un área verde estratégica dependa de la salud de un solo vecino para no ser un basurero? Y peor aún: ¿Quién cuidará del espacio ahora que ya no hay quién lo haga gratis?

La solicitud del predio y el temor a la destrucción

En medio de este descuido, un comité vecinal ha solicitado al Ayuntamiento la donación de un predio colindante para unirlo al parque actual. Este terreno tiene palmeras y vegetación propia que nace y se renueva sola cada año. Sin embargo, en una ciudad que devora cerros y destruye ecosistemas como la Cañada Azteca en Playas de Tijuana para hacer fraccionamientos, la duda es inevitable. La comunidad se cuestiona: ¿Se respetará la vida silvestre ya existente o llegarán a talar las palmeras para «instalar» un parque de concreto? Es imperativo definir si se optará por una intervención mínima que valore lo que la naturaleza da gratis, o si se sacrificará la flora nativa en nombre de una «remodelación» urbana más.

Finalmente, la pregunta más punzante para la autoridad: ¿Tiene sentido donar nuevas áreas si el Ayuntamiento es incapaz de regar y limpiar el parque que ya existe? Si el concreto sigue devorando rincones verdes como la Cañada Azteca, ¿qué ciudad le queda a la niñez que hoy camina entre basura?

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