En un país donde la figura del sacerdote no exime del peligro y donde trágicamente muchos casos de clérigos privados de su libertad terminan de forma funesta, conocer una historia de supervivencia es un milagro en sí mismo. Con ese pesado contexto como telón de fondo, los asistentes a la Casa de la Cultura de Tijuana vivieron una noche de profunda emotividad este lunes 26 de mayo, durante la presentación de Líbranos del mal, un riguroso trabajo de investigación y narrativa literaria escrito por la autora Araceli Martínez Rose.
El libro, estructurado en 15 capítulos y 260 páginas, no es una simple crónica; es el testimonio de un largo calvario emocional que comenzó precisamente cuando las cadenas físicas se rompieron, y que conmovió hasta las lágrimas a los presentes.
El eco del dolor en la audiencia
Escuchar los detalles de las 22 horas de cautiverio en voz de su protagonista, el padre Juan Carlos Ackerman, provocó momentos de densa vulnerabilidad en el recinto. Como oyentes, los asistentes experimentaron esa inevitable sensación de querer llorar; y es que las palabras de dolor, temor y el miedo absoluto de saberse a merced de la muerte son capaces de doblar a cualquiera.
El momento más crítico del relato revivió el instante en que tres secuestradores armados con «cuernos de chivo» se plantaron ante él, mientras el líder del grupo le colocando una pistola en la cabeza. «Todavía siento aquí el frío de la pistola… me dijo: ‘diga sus últimas palabras'», recordó el clérigo. Sin embargo, la tensión del auditorio dio paso a un profundo confort al recordar el desenlace: el milagro de su liberación en un operativo policiaco. Con un toque de humor y gratitud, el padre remató: «El Espíritu Santo, en vez de paloma, mandó un helicóptero».
El verdadero calvario la recuperación y el reto de perdonar
Líbranos del mal expone con total honestidad que la libertad no trajo la paz de inmediato. Tras el trauma, el trastorno de estrés postraumático se hizo presente de forma severa: cualquier ruido cotidiano aterrorizaba al sacerdote y lo devolvía a la habitación donde estuvo cautivo.
Sanar las secuelas psicológicas requirió un arduo trabajo a través de dobles sesiones de terapia y un profundo cobijo en su fe. Martínez Rose plasma en su obra que uno de los desafíos más complejos fue el perdón. Perdonar a sus captores no fue un acto automático ni sencillo por el hecho de portar una sotana; fue un camino sinuoso de años de lágrimas y aceptación. El perdón real llegó solo después de un largo proceso de sanación desde su lado más humano.
Una investigación con raíces y un mensaje para el mundo
Araceli Martínez Rose dedicó diez años de cuidadosa documentación y espera a este proyecto, decidida a no publicar una sola línea hasta que el proceso jurídico estuviera concluido con una sentencia firme para garantizar una verdad histórica incuestionable. Con una sólida formación humanista e influenciada por grandes cronistas como Jesús Blancornelas, la autora evitó la «novela negra» convencional para construir un homenaje a la resiliencia y a la familia del sacerdote —su madre y sus hermanas, auténticas heroínas que manejaron la crisis—.
Al final, la presentación de Líbranos del mal dejó claro que no estamos ante el relato de una derrota frente a la criminalidad. Más allá de una moraleja, esta historia real planta un poderoso mensaje de esperanza y fe; un bálsamo necesario no solo para Tijuana, sino para todo el país y el mundo en los tiempos actuales. Para quienes deseen conocer con más detalles esta impactante historia, el libro ya se encuentra disponible en Libro Club.










