La activista y abogada Martha Elena Santos Arroyo, defensora de los derechos humanos y presidenta de la Selección Mexicana de Futbol Talla Baja, participó este viernes en una entrevista a distancia desde Sinaloa para el programa Circunferencias en Espiral, transmitido por CiudadTijuana y Poliédrica, bajo la conducción de Isaías Plascencia y Mónica Peraza. Su intervención dejó una reflexión profunda sobre identidad, discriminación, deporte y organización comunitaria.
Santos Arroyo inició explicando que el concepto de talla baja ha sido históricamente malinterpretado en México. Señaló que, aunque se trata de una condición médica, durante décadas fue utilizada como motivo de burla, exclusión o estigmatización. El movimiento nacional de personas de talla baja —del cual ella es una de las voces más visibles— ha impulsado un cambio de lenguaje y de conciencia, reivindicando el término como una forma de respeto y reconocimiento.
La activista recordó que, a diferencia de otros grupos de personas con discapacidad que lograron visibilidad desde los años noventa, la población de talla baja comenzó a organizarse mucho más tarde. El punto de partida fue un pequeño núcleo en Jalisco, que con el tiempo conectó a familias en Guanajuato, Michoacán y otros estados, hasta consolidar una red nacional que hoy incide en legislación, políticas públicas y espacios de participación.
Uno de los avances más significativos es la creación de la Selección Mexicana de Futbol Talla Baja, un proyecto que, en palabras de Santos Arroyo, “abrió una puerta que parecía imposible”, especialmente en un país donde el fútbol es el deporte más visto y practicado. La selección reúne a jóvenes desde los 16 años y a personas adultas, aunque la participación oficial en competencias internacionales inicia a partir de los 18 para evitar riesgos físicos.
La presidenta del representativo nacional explicó que, a diferencia de otras disciplinas, la población de talla baja no es lo suficientemente numerosa para conformar categorías por edades, lo que obliga a buscar talento en distintos estados y a trabajar con grupos reducidos. A ello se suma un desafío emocional: muchas personas de talla baja evitan relacionarse con otras de su misma condición debido a procesos de autoaceptación no resueltos, lo que dificulta la integración comunitaria.
Durante la conversación, Santos Arroyo subrayó que la familia juega un papel crucial. “Hay padres y madres que prefieren negar la condición de sus hijos, pensando que así los protegen, cuando en realidad los alejan de espacios donde podrían encontrar identidad, acompañamiento y oportunidades”, señaló.
Con una trayectoria marcada por la defensa de derechos, la incidencia legislativa y la promoción del deporte adaptado, Marta Elena Santos Arroyo reafirmó que la lucha por la dignidad de las personas de talla baja continúa, y que el camino pasa por la visibilidad, la organización y la aceptación personal y colectiva.












