La bioconversión de residuos orgánicos mediante insectos está ganando terreno en Baja California gracias al trabajo del investigador David Schneider, biólogo francés y residente permanente en México, quien colabora por convenio con la Dirección de Impulso a la Innovación y Desarrollo del CICESE. Desde Ensenada, Schneider promueve la adopción de la tecnología de la mosca soldado negra, un sistema capaz de transformar desechos en proteína, aceite y fertilizante de alto valor para la agricultura y la industria alimentaria.
Schneider explica que la mosca soldado negra posee una capacidad extraordinaria: convertir prácticamente cualquier materia orgánica en proteína, aceite y fertilizante biológico, mientras reduce significativamente el volumen de los residuos. “Este insecto ofrece tres servicios esenciales: reduce los bioresiduos, produce proteína barata y genera fertilizante orgánico”, señala.
Aunque la tecnología se utiliza ampliamente en distintos países, México ha tardado en adoptarla pese a contar con condiciones ideales para su implementación. El objetivo de Schneider es acelerar ese proceso desde Baja California, donde la industria agrícola, acuícola y alimentaria genera grandes cantidades de desechos orgánicos que podrían aprovecharse para impulsar la economía circular.
El investigador colabora con Ensenada Verde, empresa dedicada a la distribución de productos sustentables, y participa en el desarrollo de un futuro spin-off del CICESE llamado Baja Fly, enfocado en la producción a escala de mosca soldado negra. La larva —viva o seca— tiene múltiples usos: alimento para gallinas, peces y mascotas; ingrediente para harinas ricas en proteína; fuente de aceite con un perfil similar al del coco o la palma; e incluso materia prima para biodiésel. “Una vez seca, la larva puede convertirse en harina con hasta 65% de proteína”, detalla Schneider.
El valor nutricional de las larvas depende directamente de lo que consumen. Si se alimentan de cebada cervecera, su perfil es más estable; si provienen de residuos domésticos o de cocina, contienen una mayor diversidad de micronutrientes como hierro, cobre, manganeso, zinc y molibdeno. “Eres lo que comes, y en las larvas es igual”, comenta.
Además de la proteína, el proceso genera un fertilizante conocido como frass, comparable al humus de lombriz pero más concentrado. Su alto contenido de quitina activa las defensas naturales de las plantas, funcionando como una especie de “vacuna preventiva” contra plagas y hongos como el tricoderma. “Es un fertilizante poderoso y con beneficios adicionales para la salud del cultivo”, explica.
Schneider también ha desarrollado presentaciones comestibles de larva seca para consumo humano, siempre que el alimento de origen cumpla con criterios de inocuidad. En Ensenada se comercializan versiones naturales, con ajo o con chiltepín, elaboradas con larvas alimentadas con cebada de cervecería, orujo de vino y frutas locales.
Aunque la distribución se concentra en Ensenada, la empresa puede abastecer Tijuana y Mexicali en pedidos mayores. Actualmente buscan cartas de interés y compromisos para ampliar la producción y construir nuevos contenedores de bioconversión. “Hay inversionistas listos para apoyar, pero necesitamos señales claras de demanda para dar luz verde a la expansión”, afirma Schneider.
Con proyectos como Ensenada Verde y Bajafly, la región comienza a posicionarse en una tendencia global que combina ciencia, sustentabilidad y aprovechamiento inteligente de los residuos. Para Schneider, el mensaje es claro: la mosca soldado negra no es solo un insecto, sino una herramienta estratégica para el futuro ambiental y productivo de Baja California.
















