¿Ya te enteraste?

méxico

Voces Sin Fronteras rostro humano del refugio 

El día de ayer, la Sala Federico Campbell del Centro Cultural Tijuana (Cecut) se convirtió en el escenario del conversatorio «Voces Sin Fronteras», un espacio que reunió a personas refugiadas que han solicitado o concluido su trámite ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR). En un contexto donde aún imperan estigmas y desinformación sobre la movilidad humana, los participantes abrieron su corazón para compartir sus historias; momentos difíciles de sus vidas que a algunos todavía les cuesta verbalizar, pues implican la dura realidad de dejarlo todo de un día para otro: familia, amigos, un hogar y una vida construida en su tierra natal. Fue una tarde cargada de profundas emociones que recordó a los asistentes que cada voz es una historia, y cada historia pertenece a una persona con los mismos derechos que cualquier ciudadano.

A continuación, compartimos los fragmentos y vivencias más significativos de quienes compartieron su testimonio en este encuentro articulado a través de los ejes de la identidad, el trayecto, la reunificación familiar y el futuro:

Del dolor de la partida a la vocación de servir

Anastasia, enfermera de profesión en su país de origen especializada en la atención de pacientes con VIH y tuberculosis, relató un camino complejo que comenzó en 2018 cuando migró a Chile con una beca de maestría junto a su hija de tres años. Ante la dificultad de balancear el estudio, el trabajo y la maternidad, tomó la decisión de buscar un horizonte «más humano» y llegó a México guiada por el deseo de proteger a su familia.

Tras recibir una resolución positiva por parte de la COMAR y contar con el acompañamiento legal de su abogada, la licenciada Georgina Padilla, Anastasia logró revalidar sus estudios con el apoyo del Proyecto Salesiano, viajando a la Ciudad de México para obtener su título como enfermera. Hoy en día, trabaja activamente en la atención a la comunidad refugiada: «Hoy no veo mi historia solamente como una historia de pérdida; también la veo como una historia de oportunidades, de personas que me tendieron la mano y de una responsabilidad que tengo ahora: acompañar a otros que están buscando un nuevo comienzo, como un día yo también lo busqué», expresó.

 Fe, resiliencia y el valor de la familia

Para Jafet, el proceso de transición de un país a otro representó una verdadera «escuela de vida» que lo obligó a adaptarse a una nueva cultura, gastronomía y formas de pensar. Refugiado en su fe, sus objetivos y el respaldo de sus padres y su hermano menor, logró obtener la residencia permanente en México gracias a las gestiones ante la COMAR, en las que también destacó el acompañamiento de la abogada Georgina Padilla.

Con estudios y experiencia desarrollados en finanzas, tecnología y marketing, Jafet destacó que el fortalecimiento de la sociedad empieza en el hogar. Actualmente, junto a su novia, ha materializado sus conocimientos en una firma de gestoría integral orientada al servicio con integridad y profesionalismo. «El pasado ya no se puede cambiar y el futuro es una promesa. Por lo tanto, la acción inmediata es lo que realmente define el rumbo de nuestras vidas», reflexionó ante el público del Cecut.

La dura huella de la separación y el reencuentro

Los hermanos colombianos Brad (20 años) y Katerin (18 años) conmovieron a la sala al narrar el impacto psicológico de la separación familiar. Brad relató que mientras prestaba su servicio militar en el Amazonas, su madre migró a México. Al volver a su ciudad natal, se encontró completamente solo, enfrentando un año de incertidumbre y parálisis emocional hasta que finalmente pudo volar a Tijuana un 8 de julio para reencontrarse con ella.

Por su parte, Katerin describió el dolor crudo de quedarse sin el «escudo frente al mundo» que representaba su madre cuando apenas tenía 16 años. La separación le detonó severos problemas de ansiedad, falta de concentración y un deterioro físico crítico. Tras ser rescatada por su padre y pasar meses en recuperación, hoy se encuentra en Tijuana asimilando su proceso de sanación y apoyando en el negocio familiar: «Me cuesta un poco hablar de esto en público, pero sé que es necesario hablar de esto para sanar y hace parte del proceso. Ya no soy esa niña desprotegida de 16 años… estoy lista para construir un paso a mi futuro».

México como el único refugio frente a la persecución política

Originario de Rusia, Vasili ofreció una perspectiva sobre la geopolítica del refugio. Tras haber vivido en Tailandia y posteriormente en Georgia, tuvo que huir de ambos lugares debido a los tratados de extradición y al tenso clima político derivado de la guerra, sumado a la persecución por mantener opiniones disidentes en su país de origen.

Vasili explicó al público por qué elegió establecerse en este lado del mundo: «Yo pienso que México es el único país del mundo que puede proteger a los refugiados», afirmó, extendiendo un profundo agradecimiento al personal de la COMAR por el profesionalismo, la privacidad y la paciencia demostrada durante su proceso gratuito de regularización.

Liderazgo y el propósito de no estancarse

Luis, originario de Honduras y quien fungió como moderador del espacio, conectó su propia experiencia con la de los panelistas. Compartió los momentos de vulnerabilidad extrema —como el llanto y el hambre— que atravesó en su trayecto migratorio, pensando siempre en el dolor redoblado de aquellos padres que cruzan selvas acompañados de hijos menores de edad.

Establecido y trabajando en Tijuana, Luis afirmó sentirse plenamente integrado y con un propósito claro de vida a través del activismo y el apoyo comunitario. «Mi aprendizaje es que aprendan a no ser estables, que aprendan a no ser estancados, porque al final lo que se estanca no sirve. Busquen nuevos caminos, aprendan a soltar… primero es usted, segundo es usted, tercero es usted, y si puede, va a poder ayudar a los demás», exhortó.

El colapso y la búsqueda de una voz

La última intervención documentada fue la de Mayris, profesionista universitaria que salió de Cuba en enero de 2025 ingresando por la frontera sur en Tapachula antes de avanzar hacia Tijuana. Mayris describió cómo la severa crisis económica, la escasez de alimentos y las consecuencias de la pandemia fracturaron por completo la cotidianidad en la isla, obligándola a buscar el sustento para su hijo de ocho años.

Más allá de la precariedad material, Mayris enfatizó la asfixia ideológica que viven las personas en su país, donde expresar un criterio disidente puede costar la libertad o el acoso familiar: «Las personas en Cuba se mezclan con lo político por culpa del mismo gobierno… por culpa de no tener voz. El pueblo no tiene la voz. No puedes expresar opinión o criterios sin importar que te van a poner preso o que van a asediar a tu familia», denunció, recordando el impacto del grito de libertad socializado durante las protestas masivas del 11 de julio de 2021.

El conversatorio cerró de manera emotiva, dejando claro que detrás de las frías estadísticas migratorias existen rostros, profesiones, traumas profundos y, sobre todo, una enorme voluntad de resiliencia dispuesta a enriquecer a la sociedad tijuanense que hoy los recibe.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

mosaico