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Diseño interior y química cerebral: cómo los espacios influyen en la felicidad

El taller Vivir el Momento: Moodboard para mi rincón de la Alegría y el Disfrute en mi casa, mi refugio, realizado el sábado 18 de julio en la Casa de la Cultura como parte del ciclo Arquitectura para vivir, invitó a las asistentes a explorar cómo los espacios personales pueden influir en la felicidad y el bienestar emocional. La arquitecta y urbanista Diana Elena Contreras Herrera, directora de DECH Arquitectura, explicó que el diseño interior puede convertirse en una herramienta para activar emociones positivas mediante principios de la neurociencia y la neuroarquitectura.

Contreras Herrera señaló que la neuroarquitectura estudia cómo los entornos físicos impactan la mente y el cuerpo. Cada persona, dijo, responde de manera distinta a la luz, los colores, las texturas y los objetos que la rodean, por lo que la aplicación de estos principios es siempre personalizada. Un rincón de alegría, explicó, debe construirse a partir de aquello que activa emociones positivas en cada individuo.

La arquitecta destacó que estas respuestas están vinculadas a la química cerebral. Emociones como la calma, la motivación o la conexión afectiva dependen de neurotransmisores como las endorfinas, la serotonina, la dopamina y la oxitocina. Estos compuestos se liberan ante estímulos sensoriales específicos, lo que convierte al diseño interior en un aliado para favorecer el bienestar.

Para identificar esos estímulos, las participantes elaboraron un moodboard, o tablero de inspiración, reuniendo imágenes, colores, materiales y sensaciones que les generan alegría o tranquilidad. Contreras Herrera explicó que este ejercicio permite traducir emociones en decisiones concretas de diseño, desde la elección de tonos cálidos hasta la incorporación de objetos significativos que evocan recuerdos positivos.

La especialista subrayó que, en un entorno urbano acelerado, contar con un espacio íntimo dentro del hogar es fundamental para equilibrar la rutina. No se trata de grandes intervenciones, dijo, sino de reconocer qué elementos activan la alegría y cómo integrarlos en un rincón que funcione como refugio cotidiano. “La casa es nuestro refugio”, expresó, al enfatizar que el diseño consciente puede mejorar la salud emocional y fortalecer la relación con el propio hogar.

El ciclo Arquitectura para vivir busca acercar al público a prácticas que vinculan el diseño con el bienestar, integrando conocimientos de neurociencia, arquitectura y psicología ambiental para promover entornos domésticos más saludables y significativos.

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