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El juego online crece en Tijuana al despegar los pagos digitales

El crecimiento del juego online en México coincide con una transformación financiera más amplia: transferir dinero desde el móvil es cada vez más rápido y habitual. Tijuana encaja en ese cambio por su carácter fronterizo, su actividad comercial y el uso extendido de servicios digitales. Aun así, no existen datos públicos sólidos que permitan medir a la ciudad como un mercado de juego online independiente.

Para quien accede a un casino desde el teléfono, la experiencia no depende solo de los juegos disponibles. También pesan la facilidad para depositar pesos, los métodos aceptados y el proceso de retirada. La evolución de la infraestructura de pagos mexicana está modificando precisamente esa parte de la experiencia.

Tijuana dentro de una tendencia nacional

Una estimación sectorial sitúa el mercado mexicano de juego online en unos 970 millones de dólares en 2026, frente a 790 millones en 2025. Esta cifra representa  una proyección comercial, y no una cifra oficial de todo el territorio mexicano.

La relevancia de la ciudad de Tijuana está en sus características. Tijuana combina una economía urbana vinculada a la frontera con una población habituada a utilizar el móvil para banca, compras y entretenimiento. Las apuestas deportivas añaden otro componente: las modalidades en vivo dependen especialmente de que una recarga pueda completarse sin interrupciones prolongadas.

SPEI cambia la forma de mover fondos

SPEI es la pieza central de esta evolución. Datos del Banco de México señalan que entre julio de 2024 y junio de 2025 procesó 6.326,6 millones de transferencias por 587,8 billones de pesos mexicanos. En ese periodo, las operaciones de bajo valor entre usuarios finales aumentaron un 28,5% interanual.

Para las plataformas digitales, esto cambia el circuito de pago: los fondos se mueven directamente entre cuentas en lugar de depender de tarjetas. Además, SPEI registró una disponibilidad del 99,995% al cierre del tercer trimestre de 2025, relevante para servicios que requieren transacciones continuas.

Eso no demuestra que los pagos digitales generen nuevos jugadores. Su efecto es más concreto: simplifican el depósito y pueden evitar que una operación se abandone por problemas con el método de pago. En los retiros, un proceso claro también influye en la confianza del usuario.

Un mercado que sigue combinando efectivo y móvil

SPEI convive con otras opciones. DiMo permite transferir dinero utilizando el número de teléfono del destinatario y cerró 2024 con 12,2 millones de usuarios registrados. Su crecimiento refleja la familiaridad creciente con pagos de cuenta a cuenta desde el móvil, aunque no implica que todos los operadores de juego acepten este sistema directamente.

CoDi tiene una presencia menor. Entre julio de 2024 y junio de 2025 registró 3,99 millones de transferencias, una escala reducida frente al conjunto de SPEI. Por eso, el escenario mexicano sigue siendo híbrido: transferencias bancarias, tarjetas, billeteras y recargas en efectivo cumplen funciones distintas según el perfil del usuario.

En una ciudad como Tijuana, esa combinación importa más que la sustitución completa del efectivo. Parte de la población puede operar directamente desde una cuenta bancaria, mientras otros usuarios siguen dependiendo de métodos alternativos.

La facilidad de pago tiene límites regulatorios

Poder acceder a una plataforma desde Tijuana no significa que esa plataforma esté automáticamente autorizada. En México, los juegos con apuesta requieren permiso de la Secretaría de Gobernación. Los sistemas que reciben apuestas por internet deben incorporar controles internos, identificación del usuario y registros de las operaciones realizadas.

Desde 2026 existe además una presión fiscal mayor. El IEPS aplicable a juegos con apuestas y sorteos pasó del 30% al 50% el 1 de enero. Esto introduce una tensión poco visible para el usuario: una infraestructura financiera más eficiente puede favorecer el volumen de transacciones, mientras la actividad regulada soporta una carga fiscal considerablemente superior.

El caso de Tijuana se entiende mejor desde esa combinación de pagos, acceso móvil y regulación que desde la idea de un supuesto boom local. La infraestructura permite mover dinero con mayor facilidad, pero no elimina los riesgos asociados al juego.

El acceso debe limitarse a mayores de edad. La misma facilidad que agiliza depósitos y retiros debe usarse para fijar límites de gasto y tiempo dentro de la propia plataforma, y el juego nunca debe convertirse en fuente de ingresos ni en forma de recuperar pérdidas.

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