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“Me llamo Cosmo” el arte como refugio

Entre la ternura de la escena y la fuerza de la plástica, las juventudes encuentran un territorio para la sensibilidad.

El arte cobra verdadero sentido cuando se habitan los espacios y se permite que la escena dialogue con quien la contempla. En el marco de la vigésima quinta edición del Festival de Octubre: Territorios de Paz, estudiantes del COBACH Plantel Primer Ayuntamiento se adentraron en una jornada donde la dramaturgia y las artes visuales trazaron un puente hacia la empatía.

La experiencia abrió el telón con “Me llamo Cosmo”, texto de Omar Yñigo bajo la dirección escénica de Rodolfo Álvarez Leyva. Lejos del adoctrinamiento formal, la pieza apela a la ternura y al cuestionamiento íntimo sobre nuestra relación con los animales de compañía. A través del juego teatral, la obra invita a reconocer en las mascotas no a un objeto, sino a un otro que merece respeto, cuidado y afecto incondicional.

Trazos, volumen e identidad: un recorrido por las galerías

La vivencia no terminó al apagarse las luces del escenario. El viaje continuó por los pasillos del recinto, donde el alumnado recorrió dos miradas fundamentales de la creación plástica en la región:

  • Tu Forma, Mi Horizonte: Un delicado y necesario homenaje póstumo a la escultora Juana Valdez, cuya obra entabla un diálogo de volúmenes y geometrías con la trayectoria pictórica de Rubén García Benavides.
  • MEXAYOTL: La propuesta visual de Benito del Águila, un viaje a través del símbolo, la memoria y la resignificación de las raíces que nos integran.

Apostar por las juventudes en los recintos culturales no es solo formar nuevos públicos; es abrir la puerta para que el arte sea una herramienta viva de pensamiento crítico, memoria y convivencia armónica en la comunidad.

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