Convencido de que las grandes transformaciones históricas nacen de personas comunes y de historias íntimas, el escritor Adalberto Ortiz Ávalos presentó su novela Las luciérnagas, publicada por Editorial Océano, durante su participación en la Feria del Libro Tijuana, donde compartió en entrevista con CiudadTijuana el proceso de investigación detrás de la obra y la vigencia de ideales como la esperanza, la rebeldía y la necesidad de creer en algo.
La novela reconstruye la vida de Manuel y un grupo de jóvenes que, en medio de las convulsiones políticas de su tiempo, aspiran a transformar la realidad. El título, explicó el autor, funciona como una poderosa metáfora de quienes deciden desafiar la oscuridad.
“Una luciérnaga brilla en medio de la oscuridad y, aunque no ilumina toda la noche, sí la rompe con que una se ilumine. Entonces, esa es la metáfora de las luciérnagas con los revolucionarios, que en cierta forma el día de hoy, creer fielmente en algo, te hace ser ya revolucionario”, expresó.
Ortiz Ávalos relató que el origen de la novela se remonta a una serie de cartas familiares que permanecieron resguardadas durante casi un siglo y que llegaron a sus manos gracias a un descendiente de los protagonistas de la historia.
“Estas cartas quedaron en el archivo familiar durante décadas, casi cien años. Hace 17 años uno de mis mejores amigos, Fer Mercado Otaida, que es familiar de ellos por la línea materna, recibe las cartas como herencia y decide rescatar la historia y hacerla pública. Me escogió a mí para escribirla y así nace la novela”, explicó.
El autor señaló que, pese al paso de los años, Manuel continúa siendo un personaje incómodo dentro de su propia familia debido a las decisiones ideológicas que marcaron su vida.
“Sigue siendo un tabú para la familia de Manuel su historia. A la fecha sigue siendo un personaje del que no les gusta hablar mucho porque incomodó mucho a la familia”, comentó.
Agregó que parte del conflicto radica en que algunos integrantes del entorno familiar tenían posturas radicalmente distintas a las del protagonista.
“Familiares o miembros de la familia fueron incluso combatientes cristeros. Entonces, para esta familia que Manuel se haya convertido al comunismo y haya participado tan activamente tanto en México como en España, bueno, pues es un shock”, indicó.
Durante la charla, Ortiz Ávalos reflexionó sobre la relación de las nuevas generaciones con el compromiso social y la posibilidad de impulsar cambios en el mundo contemporáneo. Aunque se mostró crítico con algunos aspectos de los millennials, aseguró encontrar motivos para el optimismo entre los jóvenes actuales.
“Las nuevas generaciones, los chavos, yo creo que retoman y están rescatando justamente esto. Más allá de ser revolucionario o creer en uno mismo, es algo mucho más sencillo: saberse importante. Saberse lo suficientemente importante como para saber que sí es relevante lo que tú digas, lo que tú hagas y lo que tú pienses respecto al mundo”, afirmó.
En ese sentido, destacó que uno de los mensajes centrales de la novela es reconocer que la historia está compuesta por personas concretas, con emociones, sueños y conflictos propios.
“A veces se nos olvida que dentro de estos grandes movimientos históricos y contextos están hechas de personas y de historias personales e íntimas. Ese sentirse importante, ese saber que importas, yo creo que se está rescatando con los jóvenes”, señaló.
Otro de los personajes fundamentales de la obra es Inés, figura que representa la inspiración, el afecto y la posibilidad de encontrar motivos para seguir adelante. Cuestionado sobre si actualmente se ha perdido la capacidad de encontrar personas así en la vida cotidiana, Ortiz Ávalos respondió de manera contundente.
“No, yo creo que eso es de las cosas que permanecen y son propias del ser humano. Todos tenemos a esta persona importante para nosotros; lo que pasa es que a veces no nos atrevemos a decírselo”, expresó.
El escritor explicó que el trabajo de construcción de la novela implicó una doble tarea: por un lado, una profunda investigación documental y, por otro, un ejercicio de empatía para comprender a los protagonistas desde su dimensión más humana.
“A partir de las cartas surgen dos caminos. Uno hacia el exterior, que es el ejercicio de documentación, archivo e investigación para darle veracidad y profundidad al tema; y otro hacia adentro, que es la interiorización y poder ponerte en el lugar del otro”, comentó.
Con el objetivo de hacer justicia a las fuentes originales, desarrolló una investigación exhaustiva que incluyó la colaboración de especialistas en la Guerra Civil Española.
“Uno de los grandes retos que tuve cuando recibo las cartas fue hacer un trabajo que estuviera a la altura y le hiciera dignidad y justicia a las fuentes de primera mano que tuve”, indicó.
Entre quienes colaboraron en el proceso destacó al historiador catalán José Manuel Suárez, quien aportó documentación inédita relacionada con los acontecimientos retratados en la novela.
Sin embargo, para Ortiz Ávalos, el aspecto más fascinante no era únicamente lo que Manuel escribió, sino aquello que intentó callar.
“Una parte muy importante de las cartas sí es lo que dice Manuel en las líneas, pero también lo que quiere ocultar y lo que se lee entre líneas. Esa lectura, después de tres o cuatro revisadas, empieza apenas a surgir y es de las cosas más ricas que te encuentras al leerlas”, explicó.
Aunque gran parte del material documental encontró espacio en la novela, el autor reconoció que debió seleccionar cuidadosamente los fragmentos incluidos para evitar que la narrativa perdiera ritmo.
“Todo tuvo un valor y viene reflejado en la novela. La decisión difícil fue no incluir textualmente todas las cartas porque se volvía una novela pesada y aburrida”, señaló.
Respecto al futuro de la novela histórica, consideró que las nuevas generaciones de escritores contarán con una riqueza documental incluso mayor que la disponible para narrar historias del pasado.
“La huella digital está presente y cada vez dejamos más huella digital. Tal vez ahora ya no será una novela basada en correspondencia, sino en comentarios de Instagram, videos de Facebook o chats guardados en los teléfonos. Todo eso es material muy rico para las siguientes generaciones que hagan novela histórica”, afirmó.
Para el escritor, la historia continúa escribiéndose todos los días y las redes sociales se han convertido en una fuente documental de enorme valor.
“No se ha acabado la historia; al contrario, la seguimos construyendo y seguimos generando fuentes históricas. Ahora muchas de ellas están en las redes sociales”, dijo.
Uno de los elementos simbólicos más importantes de la obra es la referencia a las llamadas “luciérnagas azules”, una imagen ligada a la relación entre Manuel e Inés.
“Hay algo que le recuerda a Manuel a Inés: unas luciérnagas azules que ella le asegura que existen. Son las últimas en encenderse y tienes que aguantar toda la noche para poder apreciarlas. Es la promesa que se lleva Manuel durante toda la trama para demostrarle al amor de su vida que tenía razón y que las luciérnagas azules sí existen”, explicó.
El autor también aprovechó para llamar la atención sobre la vulnerabilidad de estos insectos, afectados por fenómenos poco visibles como la contaminación lumínica.
“La luz también es una forma de contaminar y afecta directamente a las luciérnagas. Yo creo que ahora les toca a ellas recibir la atención que en su momento tuvieron las mariposas monarca”, sostuvo.
Al concluir su participación, Ortiz Ávalos adelantó algunos de los proyectos editoriales en los que trabaja actualmente. Entre ellos mencionó el libro infantil La nube, así como la secuela de Los compañeros del dinero, titulada Las 33 leyes del dinero, cuyos contenidos comenzó a publicar semanalmente en formato digital.
“Todas las semanas estoy compartiendo por entregas mi siguiente libro, que es la secuela de Los compañeros del dinero. Se llama Las 33 leyes del dinero y cada semana aparece una ley distinta en una columna de La Crónica”, comentó.
Con Las luciérnagas, Adalberto Ortiz Ávalos rescata una historia construida a partir de cartas, ideales y memorias familiares para recordar que los grandes acontecimientos históricos no nacen de abstracciones, sino de personas que, como las luciérnagas, son capaces de encender una pequeña luz en medio de la oscuridad.









