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José Luis Trueba Lara reinventa a Carlota desde la locura y la intimidad

La figura de Carlota de Bélgica ha sido retratada en novelas, películas, obras de teatro, ensayos históricos e incluso telenovelas. Sin embargo, para el escritor José Luis Trueba Lara, el verdadero desafío no era volver a contar una historia conocida, sino encontrar una nueva manera de acercarse a uno de los personajes más complejos y enigmáticos del siglo XIX mexicano.

Durante su participación en la Feria del Libro Tijuana 2026, el autor de la novela Carlota, publicada por Editorial Océano, compartió con el público los procesos creativos, históricos y literarios que dieron origen a esta obra, construida desde una mirada poco convencional sobre la esposa del emperador Maximiliano de Habsburgo.

Originario de la Ciudad de México y perteneciente a una familia con raíces en la península de Yucatán, Trueba Lara explicó que la idea de escribir sobre Carlota lo acompañó durante décadas, aunque encontró numerosas dificultades antes de concretarla.

“Desde hace como 30 años empecé a escribir novela histórica y Carlota se me atravesó varias veces. Yo la verdad quería escribir algo sobre ella, tenía ganas de escribir algo, pero el problema es qué puedes decir de Carlota que no se haya dicho ya”, relató.

El escritor recordó que varios intentos terminaron desechados porque no encontraba una perspectiva capaz de ofrecer algo distinto sobre un personaje ampliamente estudiado.

“Dos o tres manuscritos se fueron a la basura. No calaban porque no encontraba yo cómo entrarle a Carlota”, confesó.

La solución llegó a través de una voz narrativa inesperada: una dama de la corte que, al igual que la emperatriz, padece trastornos mentales. Desde esa perspectiva surgió una novela donde la locura funciona como lente para interpretar la realidad.

“Una loca, que trabaja de dama de la corte, cuenta la historia de Carlota, que también estaba loca como una coladera. Entonces, si una loca cuenta la historia de otra loca, eso le puede otorgar una manera de entender la realidad distinta. Así nació esto: una historia de la locura contada por la locura”, explicó.

Lejos de presentar a una narradora hostil, Trueba optó por una relación de afecto entre ambas mujeres. Según señaló, esa cercanía era indispensable para explorar la intimidad de la emperatriz.

“Me importaba que la quisiera bien. Si no, ¿cómo le cuentas sus intimidades? A alguien a quien odias no le cuentas tus intimidades. Pero a tus amigos cercanos y entrañables sí se las cuentas”, afirmó.

Esa decisión narrativa, agregó, le permitió asomarse a aspectos más personales de Carlota y Maximiliano, así como a los conflictos privados que rodearon a la pareja imperial.

“Gracias a esta loca yo podía asomar por el ojo de la cerradura a la recámara tanto de ella como de Maximiliano, a sus problemas, a todo”, comentó.

Uno de los temas centrales de la conversación fue la salud mental de Carlota, quien pasó gran parte de su vida recluida tras el colapso del Segundo Imperio Mexicano. Trueba explicó que su novela aborda estos padecimientos desde la visión médica y cultural del siglo XIX.

“Carlota tenía grafomanía. Escribía un promedio de cuatro o cinco cartas diarias en su estado de locura y las escribió durante 60 años”, señaló.

Según relató, esa extensa correspondencia le permitió conocer los delirios y obsesiones de la emperatriz.

“En esas cartas ella cuenta sus delirios. Cuenta cómo Maximiliano se le aparece como un Cristo crucificado y ella lo baja de la cruz. Cómo le lame los estigmas. Es una locura muy erótica. También se le aparece el diablo en forma de Napoleón III o del hermano. Es una locura muy extraña la de Carlota”, describió.

Para construir la novela, el autor decidió apartarse de las fuentes históricas tradicionales y acercarse a documentos menos convencionales, donde la vida privada de los personajes afloraba con mayor claridad.

“Decidí que iba a trabajar con un tipo de fuentes no convencionales. Hice caso a todos los chismes que se publicaron en la prensa de aquellos años. También a diarios, libros de viaje y cartas de la familia cercana y de los colaboradores de Carlota y Maximiliano”, explicó.

A su juicio, ese material ofrece una ventana distinta hacia la cotidianidad de los personajes históricos.

“Lo que me interesaba era la intimidad. Si yo me meto a tu teléfono y me pongo a hurgar tu WhatsApp, quién sabe qué vaya a encontrar. Bueno, algo parecido pasa con los diarios y las cartas. Ahí hay una intimidad que me permitía acercarme a ellos”, comentó.

Entre los episodios que más llamaron su atención destacó la compleja dinámica familiar en la corte de los Habsburgo. Mencionó, por ejemplo, la mala relación entre Carlota y su cuñada, la emperatriz Isabel de Baviera, mejor conocida como “Sissi”, así como diversos rumores que rodearon a Maximiliano.

“Los hechos y los chismes dan para pensar que Maximiliano tuvo sus intimidades con ella. Sabemos que la llevó a las Islas Griegas y se quedaron tres meses. Algo me da a pensar que sí se daban sus calentoncitos”, expresó entre risas.

Durante la charla, Trueba también reflexionó sobre los riesgos de interpretar personajes históricos desde valores contemporáneos. Para el novelista, la función de la historia no consiste en juzgar a quienes vivieron en otras épocas, sino en comprender las circunstancias que moldearon sus decisiones.

“La historia desde el presente nos da por volvernos jueces. Y cuando nos volvemos jueces nos volvemos imbéciles, porque le exigimos al pasado que dé cuentas en el presente”, sostuvo.

Agregó que su interés no está en clasificar a los personajes históricos entre héroes y villanos.

“No me interesa juzgar a Cortés, ni a Moctezuma, ni a Juárez, ni a Santa Anna. Lo que me interesa es qué tenían en la cabeza, en qué mundo vivían y por qué actuaron como actuaron”, afirmó.

Asimismo, rechazó la idea de que su novela busque reivindicar a Carlota o insertarla en alguna agenda contemporánea.

“No quiero influir en la agenda contemporánea. Lo que yo propongo es algo más sencillo: ¿qué tal que tú y yo leemos una aventura?, ¿qué tal que pasamos una tarde digna de vivirse con una historia apasionante?”, señaló.

No obstante, reconoció que toda novela termina reflejando inevitablemente la época en que fue escrita.

“La novela siempre es un artefacto político. Todas las novelas son la época de su autor, aunque no se refieran a él”, dijo.

Al cierre de la presentación, el escritor adelantó algunos de los proyectos en los que trabaja actualmente. Entre ellos se encuentra un libro de ensayos históricos sobre mujeres marginadas durante el Porfiriato, una colección de cuentos y una nueva novela centrada en la presencia de grupos nazis en México.

“Estoy terminando un libro de historia sobre las peores mujeres en la época de don Porfirio: las asesinas, las locas, las prostitutas. También trabajo en un libro de cuentos y en una novela sobre las actividades de los nazis en México, con un crimen de por medio”, concluyó.

Con Carlota, José Luis Trueba Lara ofrece una aproximación literaria que privilegia la intimidad, los rumores, las contradicciones y los rincones menos explorados de la historia. Más que reconstruir una biografía, propone una inmersión en la compleja mente de una mujer cuya figura continúa despertando fascinación más de siglo y medio después de la caída del Segundo Imperio Mexicano.

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