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Miranda Vargas narra una historia del pueblito oscuro

Hay geografías cotidianas que ocultan universos paralelos. En la vorágine urbana de Tijuana, donde el sol parece iluminarlo todo, existe una ciudad dentro de otra ciudad: un territorio de sombras, rejas y silencio. De esa grieta del sistema emerge Un pueblito oscuro al otro lado del sol, la novela del escritor acapulqueño Ali Miranda Vargas, que rescata del olvido una historia verídica de arbitrio, encierro y redención.

El origen de la obra no nació en la ficción pura, sino en el dolor de una confesión. Entre finales de 2008 y principios de 2009, en Culiacán, Miranda se reencontró con un amigo de la juventud. El hombre, cuya identidad permanece protegida a petición propia para resguardar a su esposa e hijas, guardaba una cicatriz inolvidable: 23 años atrás, mientras se dirigía a su trabajo en Tijuana, fue detenido violentamente y sin orden de aprehensión.

Así comenzó un calvario de más de 40 días en presidio por un delito que jamás cometió.

El microcosmos tras las rejas

«Cuando él llega al penal, lo primero que ve son tinieblas, un mundo desconocido», relata Ali Miranda. De ese primer impacto nace el título de la obra. Para el autor, el presidio opera como un pequeño pueblo sepultado por la oscuridad, incrustado en medio de una urbe que continúa su ritmo sin percatarse de los abismos que la sostienen.

A través del testimonio directo, la narración desentraña la vida penitenciaria en su faceta más cruda: el entramado de corrupción, los pleitos cotidianos, el tráfico de sustancias, la violencia sistémica y la vulnerabilidad de los inocentes. En ese engranaje, el libro no busca ser una denuncia formal ante las autoridades —quienes, en palabras del autor, conocen bien la dinámica interna—, sino un testimonio de advertencia y una radiografía social sobre cómo la cárcel transforma o destruye la condición humana.

«Es una narración que deja una experiencia de vida; el trasfondo de lo que se vive dentro y una advertencia para las personas que caen allá adentro», subraya Miranda.

De la sombra a la fe

Más allá del retrato desgarrador del presidio, la obra traza el arco de una transformación. Tras obtener la libertad y enfrentarse a la desarticulación de su entorno familiar, el protagonista decidió dejar atrás la frontera y refundar su vida en San Francisco, California.

Hoy, más de dos décadas después de aquel episodio, el protagonista del libro es ciudadano estadounidense, dedica sus días a dar conferencias, compartir su fe en congregaciones de Estados Unidos y reservar el tiempo libre para su familia. Un giro radical que transforma una tragedia judicial en una historia de supervivencia.

Ali Miranda Vargas —radicado actualmente en Tijuana tras su paso por Los Cabos— asume con Un pueblito oscuro al otro lado del sol el rol del cronista que presta su pluma para cumplir una promesa: dejar constancia testimonial de una injusticia y convertir la memoria de la tiniebla en una voz de alerta para el lector.

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